Academia

Escrito por: Maritza Verónica García Montañez y Christian Amaury Ascensio Martínez
Docentes de la Licenciatura en Psicología
octubre 9, 2018

En nuestra nota anterior, vimos las diferencias y semejanzas entre bullying y violencia escolar.

Ahora abordaremos el origen y las consecuencias del bullying, mejor llamado maltrato entre pares.

La familia: origen del todo

Todas las experiencias familiares tempranas de los niños influyen de manera favorable o desfavorable en su futuro comportamiento.

La familia puede proponer modelos de vida a sus integrantes, además de habilidades sociales y estrategias asertivas para resolver conflictos.

En contrapartida, encontramos dos modelos más. 1) Cuando es autoritaria, una familia puede ejercer violencia, imponer normas, aplicar castigos físicos. 2) Cuando es exageradamente permisiva, propicia la ausencia de límites y ofrece escaso control y comunicación.

Entonces, estos modelos familiares proporcionan herramientas cognitivas que niños y adolescentes implementarán en sus relaciones sociales fuera y dentro de la escuela.

Familias afectivas

Los adolescentes que no maltratan provienen de hogares donde fueron tratados afectivamente, pero con límites y controles firmes. Así, aprendieron criterios de conformidad social y seguimiento de normas, además de habilidades sociales para la resolución positiva de conflictos.

Ese contexto proporciona modelos de cognición internalizada que pueden ser resultado de ciencias en la adquisición de habilidades sociales para resolver conflictos más allá de la agresión.

Familias autoritarias o permisivas

Muchos adolescentes que ejercen maltrato tuvieron padres con pocos lazos afectivos y de respeto. Con frecuencia, se ofendían, humillaban e incluso golpeaban entre sí.

Esta situación generó en los hijos bajos niveles de inhibición y un débil sentimiento de culpa frente al sufrimiento de los demás.

En general, los adolescentes que maltratan fueron disciplinados de manera punitiva. También es común que sus padres manifiesten poca conformidad con su vida laboral y personal.

Los niños víctimas o testigos de agresiones familiares serán muy propensos a reproducir prácticas agresivas contra otros y contra sí mismos.

Al respecto, estudios sobre la elaboración temprana de representaciones cognitivas plantean que los niños agresivos realizan una atribución hostil del entorno social y lo consideran amenazante y provocador.

Así, los niños agresivos anuncian conductas agresivas en los futuros adolescentes. Por ello, puede plantearse la existencia de una organización central de factores, donde destacan la atribución hostil y el etiquetamiento.

Dichos factores mantienen en estado latente la agresión como instancia central en el repertorio de respuestas frente al conflicto y, además, con carácter progresivo.

Señales de necesidad de atención

Los niños que son golpeados, humillados y no respetados por su familia buscan atención, prestigio y respeto mediante el maltrato a sus pares, especialmente en los escenarios de juego, convivencia y estudio.

Lo anterior puede evidenciarse por causas incontrolables, como orinarse accidentalmente en la cama, derramar una bebida, caerse y lastimarse, ponerse la ropa al revés o no tener hambre cuando los adultos deciden que hay que comer.

Frustración no origina necesariamente maltrato

La ira y el enojo surgen de la frustración. Y ésta resulta de la confrontación entre la expectativa sobre las acciones de los demás y la acción real.

En resumen, el bullying proviene de una fuerte frustración aunada a una escasa moderación y represión de respuestas agresivas aprendidas durante el proceso temprano de socialización.

No obstante, la frustración puede no conducir a la violencia, sino a la evitación de problemas, a la indiferencia y a la depresión.

Pero, además, el hecho de que la respuesta generalizada sea la agresión depende de la interpretación negativa de la frustración.

Es decir, la frustración se interpreta como ilegítima e injustificada. Por ello, conviene considerar los factores sociales que inciden en la interpretación de una frustración como injusta e ilegítima, y su relación con acciones de violencia.

Para Bandura y Huston (1961), la reacción agresiva resulta de modelos adquiridos por experiencias directas e indirectas (familia, grupo, medios de comunicación).

Agresión latente

Este aprendizaje social de la violencia se transmite de manera intergeneracional mediante recompensas tangibles e intangibles. Ejemplos de ello: la aprobación de los adultos, la reducción o el incremento de actos agresivos en contra y diversas autorrecompensas.

Dicho aprendizaje no necesariamente se manifiesta en actos agresivos; puede permanecer latente hasta que algo instigue su irrupción. Pero cuando se presenta la violencia, ésta requiere reforzadores para su continuidad.

Éstos pueden ser positivos, como la obtención de bienes materiales o simbólicos; y negativos, como evitar o detener un daño.

La permanencia de las agresiones como mecanismos de resolución de conflictos puede basarse también en una gratificación diferencial, sustentada en la creencia de que la violencia es justa.

Si logra constituirse como medio eficaz para obtener objetivos, esta forma reactiva de la agresión puede convertirse en violencia instrumental: la violencia investida de justicia genera la idea de que la víctima provoca y merece la violencia.

Consecuencias del bullying

Entonces, según hemos visto, el aprendizaje social comienza en la temprana infancia y tiene como entorno inmediato a la familia.

Cuando tal aprendizaje desemboca en bullying, las consecuencias son múltiples, como veremos enseguida.

Para quien recibe maltrato

  • Miedo de caminar hacia la escuela.
  • Negativa a ir a la escuela.
  • Un mal desempeño escolar.
  • Llegar continuamente con cosas destruidas.
  • Llegar a casa con hambre, porque le roban el dinero para el almuerzo o el almuerzo.
  • Retraimiento.
  • Tartamudeo.
  • Comenzar a golpear a otros niños, como reacción a la intimidación de esos niños o de otros.
  • Alteraciones alimentarias y obsesión con la limpieza.
  • Dolores de estómago.
  • Llorar sin razón aparente.
  • Tener pesadillas frecuentes.
  • Enuresis nocturna (orinarse en la cama).
  • “Perder” cosas.
  • Negativa a decir lo que está pasando.
  • Golpes, rasguños y cortadas sin explicación creíble.
  • Sufrimiento y disminución de la autoestima.

Para quien ejerce el maltrato

  • Vacío interior.
  • Incapacidad para adaptarse.
  • Falta de afecto, disfrazado de valentía falsa.
  • Se vuelven coléricos.
  • Deprimidos e impulsivos.
  • Temor en confiar en los demás.
  • Falta de sensibilidad y empatía.
  • Proyección de su sentimiento de inferioridad menospreciando a otros.
  • Conflictos frecuentes con todo tipo de autoridad.
  • Tendencia a plantearse metas académicas poco exigentes.
  • Fracaso escolar.
  • Problemas legales.
  • Vandalismo, riñas callejeras, robos, embriaguez pública y conflictos con la ley.

Los efectos del bullying a mediano y largo plazo transcurren en relación con las víctimas recurrentes. Éstas pueden abandonar los estudios apelando al maltrato como la razón principal; mientras que las formas del maltrato con violencia son diversas y, en ocasiones, de suma gravedad.

Bullying y estrés

Otra consecuencia del maltrato es el estrés negativo o distrés.

La respuesta de estrés se refiere al síndrome general de adaptación. Este síndrome implica la suma de las reacciones generales del organismo consecutivas a la exposición prolongada a una sobrecarga, al estímulo que genera el estrés o estresor.

Síntomas del estrés postraumático

  • Reviviscencia del hecho (pesadillas), lo cual perturba las actividades diarias.
  • Evasión (refugio en el alcoholismo, en fumar tabaco o marihuana o evadirse con música).
  • Hiperexcitación (estado de alerta ante cualquier estímulo).
  • Pensamientos y estados de ánimo o sentimientos negativos (creer que el maltrato es merecido, depresión).
  • Ansiedad, estrés y tensión (agitación o excitabilidad, mareo, desmayo, sensación de latidos del corazón en el pecho y dolor de cabeza).

Otras reacciones comunes son irritabilidad, trastornos del sueño, disociación y sentirse permanentemente sobresaltado.

Consecuencias físicas y psicológicas

En función de la edad, de la historia personal, del género y de la genética, se observarán consecuencias físicas y psicológicas diferentes en los actores del bullying. Pero lo que es común es la respuesta de estrés acompañado de sufrimiento.

 

Para saber más

Maritza García, Reflexiones sobre el bullying. Disponible en http://foro.uic.edu.mx/893/

Licenciatura en Psicología, Universidad Intercontinental. Disponible en http://www.uic.mx/licenciaturas/division-de-la-salud/psicologia/

Clínicas de Salud, Universidad Intercontinental. Disponible en http://www.uic.mx/servicios/clinicas-la-salud/

* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional