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Escrito por: Angélica Monroy

enero 20, 2017

En el marco de las celebraciones por el 40 aniversario de nuestra casa de estudios, el viernes 20 de enero de 2016, se llevó a cabo la ceremonia de dedicación del Oratorio UIC a San José Sánchez del Río. El evento estuvo encabezado por el padre Francisco Torres, director general de Formación Integral quien, previo a la dedicación, ofreció una misa con el coro de Pastoral Universitaria en la explanada de la Unidad de Comunicación Audiovisual (UCA) en la cual estuvieron presentes nuestras autoridades, docentes y alumnos.

Misa dedicada a San José Sánchez del Río

Misa dedicada a San José Sánchez del Río

Durante su homilía, el padre Torres estableció la diferencia entre adorar y venerar y llamó a los asistentes a reflexionar sobre sí mismos tomando como ejemplo a San José Sánchez. Mencionó: “Como él, seamos cada vez más amigos de Jesús. Anunciemos la fe, el amor y que estamos aquí”, finalizó.

Por otro lado, al develar la placa del Oratorio, el maestro Bernardo Ardavín, rector de nuestra institución, destacó que el testimonio del joven santo es una muestra de que Dios es amor y de que no se dejó llevar por otras ideologías. “El testigo muestra que Dios no desespera. El objetivo de esta dedicación es que la fuerza de su testimonio mueva a los miembros de la comunidad a imitarlo” y exhortó a los presentes a dar a los estudiantes la razón de su fe, concluyó.

Al final, se invitó a los presentes a apreciar la exposición sobre los cristeros en la planta baja del Edificio América la cual fue organizada por el Departamento de Difusión Cultural en conjunto con la Coordinación General de Impulso Social y Empresarial, miembros del Comité del 40 Aniversario, que permanecerá abierta hasta el 26 de enero de 2017.

Dedicación del Oratorio UIC a San José Sánchez del Río

Dedicación del Oratorio UIC a San José Sánchez del Río

El 16 de octubre de 2016 fue canonizado en el Vaticano San José Sánchez del Río, niño cristero que murió mártir de la persecución religiosa que sufrió México en la segunda década del siglo XX. La curación de una bebé mexicana, para quien “humanamente ya no había esperanza de vida”, fue el milagro que el 21 de enero de 2016 aprobó el Papa Francisco.

San José Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán. Al decretarse la suspensión del culto público, José tenía 13 años y 5 meses. Su hermano Miguel decidió tomar las armas para defender la causa de Cristo y de su Iglesia. José, viendo el valor de su hermano, pidió permiso a sus padres para alistarse como soldado; su madre trató de disuadirlo; sin embargo, él le dijo: “Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión”. Su madre le dio permiso, pero le pidió que escribiera al jefe de los Cristeros de Michoacán para ver si lo admitía y, al no ser aceptado, no se desanimó y luchó hasta conseguirlo.

El viernes 10 de febrero lo sacaron de la parroquia al mesón general del ejército federal. Le desollaron las plantas de los pies, y lo obligaron a caminar descalzo. Durante todo el trayecto, José, iba dando gritos y vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Al señalarle  su tumba y poniéndose al pie de ella fue sometido a ahorcamiento y acuchillamiento por sus verdugos. Uno de ellos, Rafael Gil Martínez apodado “El Zamorano”, lo bajó del árbol donde había sido colgado y le preguntó: “¿Qué quieres que le digamos a tus padres?” José respondió con voz de mucha fatiga: “Que viva Cristo Rey y que en el cielo nos veremos”. El verdugo sacó su pistola y lo mató de un tiro en la sien.