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Escrito por: Omar De la Rosa López
Catedrático de la Licenciatura en Comunicación. Twitter: @omarpko
abril 19, 2018

Actualmente, cerca de 90% de las universidades públicas de nuestro país está implementando algún programa de tutorías universitarias, y las universidades privadas no son ajenas a esta tendencia. ¿Cómo se dio la traslación de éstas a política educativa?

Hablar de la tutoría a nivel superior no es una tarea sencilla, aun cuando el término últimamente aparece día a día en el caló de profesores y estudiantes, tanto de instituciones privadas como públicas. Y no es nada fácil, porque al adentrarnos en su estudio nos damos cuenta de que la amplia variedad de nociones y perspectivas teóricas respecto de ella complican llegar a una definición estandarizada.

Actualmente, cerca de 90% de las universidades públicas de nuestro país está implementando algún programa de tutoría, y las universidades privadas no son ajenas a esta tendencia. Cada vez son más las Instituciones de Educación Superior (IES) de índole particular que diseñan y realizan algún tipo de programa para atender las problemáticas internas de su población estudiantil mediante un seguimiento académico especializado y responsable.

Sin embargo, existen preguntas ante las que no se tiene mucha claridad al momento de generar respuestas. ¿Qué debe entenderse por tutoría? ¿Existe un sentido y significado compartido de la tutoría en las universidades y al interior de ellas? ¿Cuál es la diferencia entre la tutoría que se brinda en nivel superior respecto de la que se realiza en los demás niveles escolares? ¿Es la tutoría en verdad una estrategia para solucionar los conflictos que enfrentan los jóvenes universitarios? ¿Qué motivó a convertir una práctica educativa milenaria, como la tutoría, en una institucional? ¿Cómo se dio la traslación de la tutoría universitaria a política educativa? En esta ocasión y por cuestiones de espacio me concentraré en la última pregunta.

En México el término tutoría en el argot académico es relativamente nuevo. Fue incorporado al discurso escolar y pedagógico a principios del siglo XXI cuando la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES) publicó en 2000 el libro Programas Institucionales de Tutoría. Una propuesta de la ANUIES para su organización y funcionamiento en las instituciones de educación superior.

Sin embargo, el antecedente directo lo encontramos en por lo menos tres convenios internacionales —europeos para ser precisos—, que no sólo resignificaron el papel de las universidades, sino, sobre todo, el del docente y su quehacer dentro de éstas. Me refiero a las convenciones de Lisboa, firmada en 1997; de la Sorbona, de 1998; y la declaración de Bolonia, en 1999.

Estos encuentros tuvieron como fin la creación del Espacio Europeo para la Educación Superior, cuyo propósito fue el de remodelar de manera profunda las estructuras educativas, con miras a alcanzar una serie de objetivos, de los cuales, resalto dos: fortalecer la educación de calidad e impulsar la investigación, es decir, que las universidades se convirtieran en verdaderos centros de creación de conocimiento y saber científico; y segundo, generar modelos de enseñanza acordes a las exigencias planteadas. Esto último fue lo que impulsó la idea de que los profesores —sobre todo, los de tiempo completo— no sólo se dedicaran a impartir clases, sino a asesorar y dar seguimiento cercano a sus estudiantes en horas y espacios extra áulicos.

Esta tendencia se ha hecho cada vez más planetaria, y ha logrado que en varias partes del orbe la tutoría se implemente como una estrategia pedagógica a favor de la calidad educativa y desarrollo integral de los estudiantes. En el caso de la Universidad Intercontinental, por ejemplo, se implementó de manera exitosa un plan de tutorías para reforzar el alto nivel académico.

No obstante y a pesar de su éxito en varios contextos y en diversas circunstancias, existen dudas, cuestionamientos y críticas respecto de su naturaleza, métodos, nociones teóricas y epistemológicas, objetivos, significados, eficacia, etcétera. Encontramos una de las críticas más astutas y lúcidas en el texto de Kant denominado ¿Qué es la ilustración? En él, el filósofo afirma que la tutoría es la negación de la libertad del otro mediante lo que, más de un siglo después, Foucault llamará sujeción. Esto y otras cuestiones que considero inquietantes se tratarán en futuras publicaciones.

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* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional