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Autor UIC

Escrito por: Dr. Jorge Luis Paz Vázquez
Docente de Licenciatura en Pedagogía
junio 12, 2021

Hoy hablaremos de las formas de estar en el tiempo, en un recorrido desde el pasado hasta nuestros días.

En épocas pasadas, los cambios en las sociedades se producían paulatinamente. Pasado, presente y futuro se percibían y se vivían de otro modo, siendo el primero el que mayor preponderancia tenía.

El pasado

El pasado (lo inmemorial de la tradición y las costumbres, el origen divino) anclaba a las personas. Lo hacía de tal forma que el futuro se entendía como un camino predestinado por mandato sagrado. Así era desde el inicio de los tiempos o en el nacimiento de cada persona.

El futuro

El futuro no representaba contingencia ni azar. Tenía la marca definitoria del pasado. Y el presente sólo servía como nexo: era la cuerda tendida entre el origen y el ineludible destino. Era el tiempo en el cual se descifraba la fuerza irrevocable que conducía nuestras vidas.

Los tiempos modernos

Así se vivía hasta llegadas las convulsiones cosmogónicas de nuestros tiempos modernos. (Según algunos, la modernidad inicia en el siglo XV.)

Es el tiempo de Cristóbal Colón, Vasco de Gama y Fernando Magallanes, con las expediciones marinas y las conquistas. También es el tiempo de Francis Bacon, Galileo Galilei, Rene Descartes y Nicolás Maquiavelo. Todos ellos cambiarían la forma de estar en el tiempo y pensar el mundo desde la filosofía y la ciencia.

Además, es el tiempo de Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta, que marcaría definitoriamente a la Modernidad. McLuhan la designaba como Galaxia Gutenberg.

Estar en el tiempo

La ruptura con el pasado

La época moderna ha sido caracterizada como un tiempo de discontinuidad que rompe con el pasado. La tradición es vista como un lastre que nos ata a supersticiones y fuerzas que disminuyen nuestra potencia y agencia.

Kant decía que esa condición mantiene al humano en la “minoría de edad”. Por eso, hacía un llamado a tener el coraje de tomar las riendas de nuestra vida. Sapere aude, decía. Eso significaba:¡Atrévete a saber! ¡Haz valer tu propia razón!

La transitoriedad

Charles Baudelaire —el poeta maldito— percibía en la modernidad lo transitorio y contingente. Consideraba al presente el tiempo de descubrimiento y creación, donde cada uno se inventa en franca expresión de libertad.

Kant y Baudelaire hacen apología de la libertad y de cierta actitud con uno mismo y el presente.

Los estandartes del nuevo mundo

Tenemos así, los estandartes contra el antiguo régimen y los signos que caracterizarían al nuevo mundo, al mundo Moderno. Nos referimos a estas nuevas formas de entender el tiempo y la relación de cada uno con él, así como la libertad, la Razón y lo nuevo.

Pero como bien advirtió Rousseau, todo lo que empieza comienza a morir, pues lleva los gérmenes de su propia destrucción.

Las utopías

Cuando el humano hizo de sí mismo un proyecto, trató de colonizar el futuro. Se inauguraron los sueños y las utopías, pero se optó por una razón fría y calculadora para alcanzarlos. Así pues, como vaticinó Goya, en uno de sus más emblemáticos grabados, “el sueño de la razón produce monstruos”.

Internet

Dos siglos después de Kant y Baudelaire, termina la era de Gutenberg y llega la era de Internet. La telemática allanó el camino a la masificación exponencial de la información y la comunicación. Además, los avances e invenciones de la tecnociencia se multiplicaron al infinito.

Se ha dicho que, en las últimas cuatro décadas, el mundo ha cambiado más que en los 200 años precedentes. Transformaciones multidimensionales en todas las direcciones de la realidad que son producto de la imaginación y creatividad humana.

Nosotros somos los responsables de esos cambios. No obstante, el grado de asombro y fascinación es equivalente a la perturbación y desconcierto que nos generan.

Una humanidad conmocionada

Todo esto, sucedido a partir del siglo XX, ha tenido como correlato una gran diversidad de eventos. Las guerras mundiales, la bomba atómica, los totalitarismos, el fascismo, el holocausto, la violencia, el terrorismo, el exterminio étnico.

También podemos contar la explotación salvaje del capitalismo, la pauperización de las sociedades, las temibles biopsiconecropolíticas. Ante la hecatombe del mundo, la humanidad conmocionada se ha desencantado.

Diversas actitudes de estar en el tiempo

Vemos que “todo lo sólido se desvanece en el aire” —como decía Marx— y que el futuro se ha clausurado. Así, “muchos” han optado por el ensimismamiento, pero no como pretendiera Baudelaire, sino como un encapsulamiento narcisista, frívolo e indiferente.

No lo hacen para inventarse a sí mismos. Más bien, construyen la identidad en estanterías (malls) y la publicitan en las redes. Están embebidos por el consumismo y el confort. Por ello, pulverizan el presente en tantos instantes placenteros como sea posible. No tienen pretensión alguna, más que la satisfacción hedonista como el ideal más alto.

Nuestros días

Así llegamos al siglo XXI. Venimos encaminados por la misma racionalidad. Azorados por la ansiedad, angustia, el vértigo, la inmediatez de la moda, los gadgets, el entretenimiento, la información, el ciberespacio.

He aquí nuestro gran legado: el cambio climático, producido por inmensas cantidades de desechos, residuos y basura. Estos desperdicios agudizan el desequilibrio ecológico, el agotamiento de los recursos naturales y la destrucción del mundo físico.

Y también, hemos de incluir la basura semiótica (ideologías perniciosas), que destruye el mundo subjetivo.

Cómo estar en el tiempo

Marx decía que los filósofos se la pasaban interpretando el mundo y de lo que se trataba era de cambiarlo. Žižek invierte tal afirmación. Advierte que de lo que se trata ahora es de hacer un alto total y pensar de nuevo al mundo.

Yo agregaría: sí, ante tal furor es necesario hacer un alto para repensar el mundo. Pero es necesario ver en retrospectiva. Creo que ya vimos que atarnos al pasado es un lastre. Colonizar al futuro nos precipita. Y encapsularnos en el presente nos pulveriza.

Entonces, lo que tenemos que cambiar es nuestra forma de estar, vivir, encarar y concebir el tiempo.

Eso, quizá, transfiguraría todos nuestros pensamientos, valores y acciones. Así, cambiaría la inercia que llevamos y, quizá, evitaríamos quedar reducidos a partículas lanzadas a la nada.

Para saber más

Licenciatura en Pedagogía e Innovación Educativa, Universidad Intercontinental. Disponible en https://www.uic.mx/licenciaturas/pedagogia-e-innovacion-educativa/

Licenciatura en Filosofía, Universidad Intercontinental. Disponible en https://www.uic.mx/licenciaturas/filosofia/

Mairela Cañete, “Pedagogía para un desarrollo sostenible”, Bitácora UIC, 11 de enero de 2021. Disponible en https://www.uic.mx/pedagogia-para-un-desarrollo-sostenible/

Ivonne Cárdenas Guzmán, “Aprendizajes de la pandemia”, Bitacora UIC, 17 de diciembre de 2020. Disponible en https://www.uic.mx/aprendizajes-de-la-pandemia/

Alejandra Luna, “Por qué estudiar filosofía”, Bitácora UIC, 4 de diciembre de 2020.  Disponible en https://www.uic.mx/por-que-estudiar-filosofia/

* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional

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