Autor UIC

Escrito por: Jorge Luis Paz Vázquez
Licenciatura en Pedagogía, División de Ciencias Sociales
abril 6, 2021

El principito (Le Petit Prince), publicado el 6 de abril de 1943, es un relato corto, el más conocido del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. Ha sido traducido a ciento ochenta lenguas y dialectos, convirtiéndose en una de las obras más reconocidas de la literatura universal que tiene como tema central al ser humano.

La especificidad del ser humano, o sea, su naturaleza, ha sido uno de los temas que más ha inquietado a filósofos, literatos, pintores y artistas en diferentes momentos de la historia. Hablar de lo que propiamente “hace ser” al humano, de su conditio sine qua non o inmanencia nos coloca en caminos contradictorios, ya que tenemos constancia y podemos reconocer en nuestra especie desde los sentimientos más sublimes y excelsos, hasta aquellos tan ruines y bajos que podrían pulverizar toda nuestra fe en la humanidad.

Son tan variados los afectos, deseos y sentimientos que las personas tenemos a lo largo de la vida; son tantas las condiciones de posibilidad, las influencias, las circunstancias que configuran nuestra interioridad; tan imprevisibles son las acciones, reacciones y decisiones que tomamos, que sería ambiguo, sino es que imposible, hacer una representación global del humano, empero, Saint-Exupéry lo logra en El principito. Eso es parte de su grandeza y universalidad, pues de todas las maneras posibles de ilustrar las emociones y sentimientos humanos, esta joya de la literatura universal escrita con sencillez, lo hace de forma precisa, elocuente y profunda.

El principito es una historia envolvente y divertida, con un alto valor pedagógico, que puede ser una experiencia estética para cualquier persona de cualquier edad. El relato está acompañado de ilustraciones hechas por el propio autor, lo que le da mayor originalidad. Comúnmente es considerado un libro para niños y jóvenes y, sin embargo, trata temas tan profundos que es necesario una lectura más concienzuda para descubrir todos sus sentidos.

Abarca cuestiones como el amor, la amistad, el egoísmo, la avaricia, la vanidad, la voluntad, el poder, la imaginación, la creatividad, etcétera, sentimientos que toman forma y cobran vida a través de los personajes del libro. Cada uno es dotado de una psicología particular en la que se condensan una o varias cualidades del carácter y ciertos tipos de personalidad que reflejan las potencias y pasiones humanas.

Entre las lecturas que se pueden hacer de este relato, se vislumbra una fuerte crítica al mundo de los adultos y a aquellas cosas a las que le otorgan valor, olvidando o dejando de lado otras mucho más importantes y primordiales en y para la vida. En ese sentido, es una metáfora de “la nostalgia del autor por la infancia perdida”; una infancia que considera el lado más humanizado, imaginativo, sensible, estético de las personas, en comparación con lo absurdo, frío, rígido, vacío y controlador de la adultez.

En resumen, El principito es un conjunto de alegorías que señalan y objetan la estupidez y banalidad humana. Es una llamada de atención, una invitación a ver las cosas de otro modo y no dejarse absorber por asuntos que nos han deshumanizado, cosificado y encapsulado en nosotros mismos, lo cual se ha convertido en la fatalidad de nuestros tiempos. A casi ochenta años (setenta y ocho años para ser exacto) de su publicación, El principito sigue siendo un texto encantador, conmovedor y divertido, que hace pensar, imaginar y viajar; por eso en este mundo donde las personas han perdido el deleite de la contemplación y la capacidad de asombro, donde la velocidad es el común denominador de nuestras vidas y el tiempo es una vorágine que nos arrastra, puede ser valioso y fundamental leerlo, porque, quizás, nos sitúe en otro ritmo vital.

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