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Escrito por: Pamela López García
Docente de la Licenciatura en Arquitectura
junio 7, 2021

El encierro

A partir del encierro por la pandemia nos acostumbramos a la cotidianidad de la casa, pero hablemos de los paisajes ancestrales y la vitamina que nos han inyectado. ¿Qué son y cuál es su beneficio, sobre todo ahora que vivimos un año de encierro?

Algunos de ustedes sabrán que durante este año de pandemia comenzamos a padecer no sólo de encierritis (encierro) aguda, sino también de pantallus brutus porque es lo que ahora nos queda. Lo de hoy es sentarnos frente a una pantalla en el comedor de la casa que ahora es oficina. Además de eso, ya no hay nada nuevo.

¿Cómo adaptarse al encierro?

Claramente esto suena a resignación o a derrotismo, pero más que eso son palabras de una autora convencida de la adaptación y conciencia. Incluso, he de confesarles que para este semestre he sacado ya dos sillas y he puesto en marcha el plan Homo erectus, el cual consiste en permanecer erguida o de pie la mayoría del tiempo aunque esté frente a una pantalla. Previo a eso, era obvio el cambio en mi movilidad, la resistencia, la elasticidad y la rigidez en cuanto a mi caminar se refiere.

Paisaje ancestral, un nuevo escenario

El cuerpo, mente y conciencia habían estado hipnotizados además del encierro por las falsas bondades de la silla, pero no dejé esta relación tóxica hasta que me decidí a emprender una aventura nómada tipo Homo erectus y caminar al Desierto de los leones. Éste es un bello bosque, uno de los paisajes ancestrales de coníferas repleto de relictos históricos como ermitas, veredas y miradores accidentados. Ahí me percaté de que había una magia más allá del simple hecho de sentir mis primeros pasos, tal como el Frankenstein de Mary Shelley que al caminar está tan tieso y maravillado del milagro que tropieza con todo. Así, caí y el musgo amortiguó bastante decente y mis manos fueron testigos de dicha humedad y textura esponjosa.

La aventura bucólica

Al cabo de la hora con cuarenta, las piernas sí tenían memoria y funcionaban como cohetes, tanto que ahora en vez de preocuparme por caer, podía darme el lujo de admirar los ejemplares de salvia mexicana en tonos azules. El olor de las coníferas y los ocotales es totalmente embriagante; hasta me sentí muy alejada de la tan ruidosa y abrumadora ciudad.

Esto, seguro me dirán que no pasó, pero tengo testigos. De pronto, el silencio era tal que podía escuchar hasta los zumbidos de los insectos, las ramas crujir, las hojas caer, algunas conversaciones de otros Homo erectus a lo lejos y los sentidos llegaron a la cúspide de la famosa conciencia.

Paisajes ancestrales y nuevas experiencias

Inmediatamente escuché que algo o alguien se acercaba muy rápido, una persona no podría ser porque generalmente jadeamos al correr en pendiente, además de que el viento es muy evidente a su paso, pero algo sí que podía ser. Algo con patas, el cual era un ciervo a toda velocidad huyendo de unos perros salvajes que pretendían hacerle una broma y perseguirlo hasta la cima. Jamás había visto un ciervo ni mucho menos brincar, correr o escapar así tan libre y tan fantástico. Por un momento compartí su energía, su vitalidad y ligereza que me motivó a querer regresar nuevamente cada fin de semana a ver si éste volvía a aparecer.

Al llegar a las presas todo cambia, el agua con su virtud de fluidez y pureza incolora te contagia y lo único que quieres hacer es saltar al agua entre muretes de mampostería hechos entre los noventa y 2000. O sea, que estas estructuras llevan carga histórica y mucha.

Claro que no ingresé al agua porque, cabe mencionar que, si no llevas cambio de ropa irás tiritando todo el camino de bajada y pues tampoco es la idea salir así en la foto, con la ermita más poética que está en el camino a Cruz Blanca.

La arquitectura y la naturaleza

Es verdad que las ermitas son de una calidad excepcional. Pocos monumentos arquitectónicos religiosos de estas fechas transmiten tanta información como éstas, porque no sólo vale la pena fijarse en sus muros (más de 30 cm de espesor) o en las pocas cerraduras de fierro y madera que prevalecen con el tiempo, sino que estas ermitas se han fusionado con el bioma. Las han puesto ahí por una lectura grandísima de las variables ambientales del bosque como son: las pendientes, la altimetría, la recolección de agua pluvial por gravedad, la orientación con relación al sol (para no congelarse), y sirven como puntos estratégicos de vigilancia, manejo o administración del recurso agua. Un conjunto de ladrillos sobrantes no es y se demuestra en cada una de ellas.

Arquitectura paisajista


Leer estas variables para poder interactuar con el territorio a través de la realización de actividades humanas es la definición de paisaje según nosotros, los arquitectos paisajistas. Es importante hacer énfasis porque un sitio tan fantástico que ha evolucionado con el tiempo, aún recibe interacciones (tal vez ahora de menor impacto o permanencia) y eso definitivamente logra una mezcla nutritiva para el cuerpo, mente y conciencia.

¿Qué son los paisajes ancestrales?


Hay un término que me gustaría compartirles y ojalá pudieran usar más a menudo, el de paisajes ancestrales y es que el desierto (bosque) de los leones (ciervos y perros salvajes) es uno de ellos. Los paisajes ancestrales es aquel gran representante de nuestra sabiduría hereditaria por su carácter resiliente, evolutivo, empático y entrópico.

¿Dónde se ubica los paisajes ancestrales?

Los paisajes ancestrales pueden estar en la ciudad, por ejemplo el Canal Nacional que nos enseña sobre los pueblos originarios de este pasado lacustre en Culhuacán y Mexicaltzingo. Puede estar igual en el campo, como los sembradíos de arroz en Guilin, China porque nos enseña que a través de la técnica ancestral de terracería y la paciencia estacional podemos obtener alimento sin perjudicar o erosionar el suelo. Puede estar también en una montaña, como las comunidades de salitreros en el brillante e infinito Salar de Uyuni, Bolivia porque nos enseña que la sal no sólo es para comerla, también podemos habitarla.

Lo que nos otorgan los paisajes ancestrales

Los paisajes ancestrales como estos, nos ofrece momentos de aprendizaje, transformación, aceptación, comunidad y conciencia sobre nuestra coexistencia con el mundo. Lamentablemente, cada vez son menos porque los estamos sustituyendo por leds, concreto y administración turística privada, callando a más de uno porque “no ofrecen ganancias”.

La vitamina que nos hacía falta

Más importante es mencionar que durante este año de pandemia nos hemos dado cuenta de que estos paisajes ancestrales son las vitaminas que nos hacían falta ¿Cuántos de ustedes no han preferido visitar alguno de los paisajes ancestrales que un capítulo más de su serie en la pantalla? Algunos sé que sí.

Independientemente de si el semáforo está en rojo, el paisaje ancestral nutre e intercambia y eso claramente apoya a liberar miedos. Así es que les invito a permitirse absorber las palabras sabias que nos susurra la naturaleza, los dialectos, las lenguas, los animales, las rocas, el viento, la lluvia y la luz porque al abrir los sentidos frente a la magnitud para estar presentes en el ahora de estas interacciones e inspiraciones conoceremos la fabulosa reciprocidad de la evidencia y la compasión.

Para saber más:

Licenciatura en Arquitectura, Universidad Intercontinental.

Diplomado en Sistemas Arquitectónicos para el diseño del ambiente interior, Educación Continua.

* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional

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