Cada 28 de agosto se conmemora en México el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores. Más allá de celebrar una etapa de la vida, la fecha puede ser, también, una oportunidad para preguntarnos algo que nos concierne a todos: ¿qué significa envejecer?
Envejecer empieza en la célula
Envejecer comienza mucho antes de que nos sintamos viejos. Sucede de manera silenciosa en nuestras células, tejidos y órganos. Durante buena parte de la vida, las células se reproducen, reparan daños y sustituyen a otras que han dejado de funcionar. Sin embargo, este proceso no puede continuar indefinidamente, no somos eternos.
Hayflick y Moorhead (1961) demostraron que las células humanas normales tienen una capacidad limitada para dividirse. Con el paso del tiempo, algunas entran en un estado conocido como senescencia celular: permanecen vivas, pero dejan de reproducirse. Hoy en día sabemos que la acumulación de estas células y la disminución de la capacidad regenerativa de los tejidos forman parte de los procesos fundamentales del envejecimiento (López, Partridge y Kroemer, 2023).
Envejecer significa, entonces, encontrarnos desde nuestro propio cuerpo con una palabra difícil: límite.
La célula que se niega a morir, una metáfora sobre el cáncer
La muerte celular no es sólo una falla del organismo. Para conservar la vida, algunas células necesitan desaparecer. Vida y muerte no son procesos opuestos, existe entre ellos un equilibrio permanente.
Desde aquí podemos pensar una metáfora alrededor del cáncer. Es importante aclarar que esto no supone atribuirle una causa psicológica. Biológicamente, el cáncer implica alteraciones complejas, las cuales permiten que ciertas células proliferen sin responder de manera adecuada a los mecanismos que regulan su crecimiento y eliminación (Hanahan, 2022). Sin embargo, desde el psicoanálisis podemos permitirnos una imagen: pensar la célula cancerosa como aquella que se niega a morir.
Dicha paradoja inquieta. Una célula que parece buscar su permanencia termina amenazando la supervivencia del organismo al que pertenece. La fantasía de inmortalidad termina enfrentándose con la vida misma. Algo de esta dificultad para reconocer nuestros límites acompaña el desarrollo psíquico.
El narcisismo infantil y el descubrimiento del límite
Durante la infancia vivimos una experiencia de omnipotencia particular. Freud relacionó este momento con el narcisismo infantil, una época en la cual el yo ocupa un lugar privilegiado y poco a poco deberá reconocer la existencia de una realidad que no siempre responde a sus deseos.
Crecer supone aceptar pequeñas derrotas de esa omnipotencia. Descubrimos que no podemos tenerlo todo, que las personas se van, que podemos enfermar, que nuestro cuerpo tiene límites y que aquello que amamos puede perderse. Pero es durante el envejecimiento que esta renuncia adquiere una profundidad diferente.
La herida narcisista de envejecer
El cuerpo ya no responde de la misma manera. Algunas posibilidades desaparecen. El espejo comienza a mostrarnos una imagen distinta de aquella que conservamos internamente. Por ello, envejecer también constituye una herida narcisista: debemos reconciliar la imagen que tenemos de nosotros mismos con un cuerpo que comienza a mostrar con mayor claridad nuestra finitud.
Eros y pulsión de muerte, la vida y la muerte inseparables
Freud propuso que, junto a las fuerzas que tienden hacia la unión, conservación y creación (Eros), existe otra tendencia que denominó pulsión de muerte, orientada hacia el retorno a lo inanimado.
Esto no significa que al envejecer deseemos morir, sino que la muerte forma parte de la vida desde su comienzo y son inseparables. Durante la juventud podemos mantenerla lejos. En la vejez esa distancia se reduce. Aparece en las pérdidas, en las transformaciones del cuerpo y en la conciencia de que el tiempo por delante comienza a ser menor que aquel que ha quedado atrás.
Aceptar el límite sin renunciar a la vida
Quizás una de las tareas psíquicas del envejecimiento es aceptar el límite sin renunciar a la vida. Porque envejecer no tiene que significar resignarse a la muerte; también puede representar el abandono progresivo de la fantasía de omnipotencia, así como el trabajo psíquico mediante el cual dejamos de necesitar sentirnos inmortales para sentirnos vivos.
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Preguntas frecuentes sobre el envejecimiento
¿Qué es la senescencia celular?
Es el estado en el que entran algunas células con el paso del tiempo: permanecen vivas, pero dejan de reproducirse. Junto con la disminución de la capacidad regenerativa de los tejidos, es uno de los procesos fundamentales del envejecimiento biológico.
¿Por qué el artículo relaciona el envejecimiento con el cáncer?
Como una metáfora, no como una causa psicológica del cáncer. Biológicamente, el cáncer surge de alteraciones que permiten a ciertas células proliferar sin responder a los mecanismos que regulan su crecimiento y eliminación. Desde el psicoanálisis, esa célula puede pensarse como una que se niega a morir, en una paradoja donde la búsqueda de permanencia amenaza al organismo.
¿Qué es el narcisismo infantil según Freud?
Es la etapa en la que el yo ocupa un lugar privilegiado y vive una sensación de omnipotencia; hasta que poco a poco debe reconocer una realidad que no siempre responde a sus deseos. Crecer implica aceptar derrotas de esa omnipotencia inicial.
¿Qué es la pulsión de muerte en la teoría freudiana?
Es la tendencia, propuesta por Freud en 1920, que existe junto a Eros (la fuerza de unión, conservación y creación). Se orienta hacia el retorno a lo inanimado. No implica un deseo de morir; muestra que la muerte forma parte de la vida desde su origen.
¿Por qué se dice que envejecer es una “herida narcisista”?
Porque el cuerpo deja de responder como antes y el espejo empieza a mostrar una imagen distinta a la que conservamos internamente. Envejecer obliga a reconciliar la imagen que tenemos de nosotros mismos con un cuerpo que revela con mayor claridad nuestra finitud.
¿Cuál es la tarea psíquica principal del envejecimiento, según el artículo?
Aceptar el límite sin renunciar a la vida. No se trata de resignarse ante la muerte, sino de abandonar de manera progresiva la fantasía de omnipotencia e inmortalidad a fin de seguir sintiéndonos vivos.
Para saber más
Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica
Freud, S. (1992). Introducción del narcisismo. En J. L. Etcheverry (trad.), Obras completas, 14, 65-98. Buenos Aires: Amorrortu.
––– (1992). Más allá del principio de placer. En J. L. Etcheverry (trad.), Obras completas, 18, pp. 1-62. Buenos Aires: Amorrortu.
Hanahan, D. (2022). Hallmarks of cancer: New dimensions. Cancer Discovery, 12 (1), 31-46.
Hayflick, L. y Moorhead, P. (1961). The serial cultivation of human diploid cell strains. Experimental Cell Research, 25 (3), 585-621.
López, C., Blasco, M., Partridge, L., Serrano, M. y Kroemer, G. (2023). Hallmarks of aging: An expanding universe. Cell, 186 (2).





