UIC celebra una misa por los fieles difuntos y comparte un mensaje de esperanza

El jueves 29 de octubre, la Universidad Intercontinental (UIC) celebró una misa por los fieles difuntos en la Terraza Fray Toribio de Benavente, presidida por el padre Raúl Nava Trujillo, MG, miembro del Consejo General de los Misioneros de Guadalupe. Durante la celebración eucarística, la comunidad universitaria se reunió para recordar a quienes han fallecido y reflexionar sobre el significado de la muerte, el amor y la esperanza desde la fe cristiana.

Durante su homilía, el padre Raúl destacó que la muerte no representa un destino definitivo, sino una realidad que invita a reconocer nuestra fragilidad humana y a confiar en la esperanza de la Resurrección. “Somos de barro y estamos llamados a compartir esperanza”, expresó, al señalar que los altares constituyen una manifestación del amor que permanece más allá de la muerte.

Asimismo, explicó el simbolismo de las flores y los cirios que forman parte de los altares, elementos que evocan la memoria de quienes ya no están físicamente con nosotros y mantienen vivo el vínculo afectivo que nos une a ellos. Estos símbolos, señaló, permiten reconocer que el amor trasciende la ausencia y que el recuerdo de nuestros seres queridos permanece presente en nuestra vida.

El celebrante también invitó a los asistentes a confiar en que Dios conduce tanto nuestra vida como nuestra muerte, una certeza que encuentra su fundamento en la Resurrección y que abre la posibilidad de mirar el futuro con esperanza.

Finalmente, exhortó a la comunidad a diseñar nuevos mapas de esperanza, abrir caminos y trabajar en la construcción de un futuro sin violencia. Esta invitación representa también un compromiso para la UIC: mirar la realidad desde la perspectiva de quienes sufren y contribuir, desde su misión educativa y social, a la construcción de una sociedad más humana, solidaria y comprometida con los demás.

De esta manera, la celebración eucarística se convirtió en un espacio de oración, memoria y reflexión para la comunidad UIC, que encontró en la fe una invitación a mantener vivo el amor, acompañar el dolor y renovar la esperanza en la vida.