El Mundial 2026 concluyó el 19 de julio con España como campeón, pero la memoria gráfica del torneo permanece. México ha tenido tres mascotas mundialistas: Juanito (1970), Pique (1986) y Zayú (2026), cada una un espejo del momento cultural que vivía el país.
Más allá de los convenios económicos y los intereses políticos entre los países, las copas mundiales son, sin duda, eventos multiculturales por excelencia; ya que, además de estimular la competencia amistosa, mueven las emociones de los aficionados; sobre todo, cuando se participa como sede.
En más de una ocasión, México se ha distinguido en la organización de eventos deportivos y no sólo por preparar a sus competidores para estar a la altura de lo que los organismos internacionales exigen, sino por la calidez y entrega de su pueblo como orgulloso anfitrión.
Basta recordar las Olimpiadas de 1968, en las que, aun cuando se acababa de pasar por una experiencia trágica con la matanza de estudiantes en Tlatelolco, se logró mantener el ánimo y recuperar la esencia de la práctica original de la Antigua Grecia como el acontecimiento cultural y religioso en el que la contienda deportiva (entre otras actividades) representaba el resultado de la superación mental y física de cada uno de los atletas.
El Mundial 2026 no fue la excepción y, por primera vez, junto con Estados Unidos y Canadá, México con sus tres sedes internas (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey) formó parte de este evento que se celebró de nuevo en el continente americano.
El torneo concluyó el 19 de julio con España como campeón, tras vencer 1-0 a Argentina en la final disputada en Nueva Jersey. Pero el valor del presente análisis no está en el marcador final, sino en lo que la memoria gráfica del evento deja como patrimonio cultural.
El juego de pelota en la antigüedad, simbolismo y práctica en el México prehispánico
La interacción entre el ser humano y la pelota no es algo moderno y mucho menos reciente; más de una cultura antigua experimentó alguna práctica similar, pero bajo diferentes reglas y con propósitos distintos.
En China, por ejemplo, formó parte del entrenamiento militar en la corte del emperador Huang-Ti (año 2500 a. C.); mientras que en Grecia (episquyros: defensor) y en Roma (harpastum: arrancar o arrebatar) estos juegos se desarrollaban con una dinámica distinta a la oriental, y probablemente representan el antecedente inmediato de la soule y el calcio florentino.
El juego de pelota en Mesoamérica fue más allá de la actividad física al vincularse de manera simbólica con la religión y la guerra, colocándose como una de las actividades más importantes de la vida ritual prehispánica.
El juego se desarrollaba en amplias “canchas” en forma de /I/ que representaban el plano celestial. La dinámica consistía en hacer pasar la pelota a través de los aros de piedra adosados a la parte superior de las paredes, emulando con ello la transición del sol por el cielo. Los jugadores eran guerreros a los que, en algunos casos, al terminar la contienda, se sacrificaba como parte del acto sagrado.
La gráfica de las copas mundiales
El diseño de las identidades gráficas de las copas mundiales representa una actividad esencial para vivir y recordar estos eventos, pues permite diferenciarlos según el momento histórico en el que ocurrieron, así como los países sedes que los organizaron, conociendo con ello parte de su cultura, tradición y folclor.
En cada caso, los rasgos básicos de identidad se han reforzado con la creación de “mascotas” que, además de añadir un toque lúdico-afectivo a la fiesta deportiva, se asumen como un tipo de “embajador visual” del evento ante el mundo.
Para la Copa Mundial de 2026, la selección de las tres sedes implicó el diseño de tres personajes representativos de la fauna y cultura de cada país anfitrión que, bajo un mismo estilo gráfico, expresan cualidades distintas. “Maple”, de Canadá, es un alce potrero vestido de rojo, amante del arte urbano y la música; el águila norteamericana “Clutch” lleva un uniforme azul y es un centrocampista audaz, lleno de energía y optimismo; mientras que “Zayú”, orgullosamente mexicano, es un jaguar que porta uniforme verde y que juega como un delantero fuerte, ágil y alegre.
Jugando con el diseño de las mascotas futboleras en México, imagen y significado
México ha tenido la oportunidad de participar como sede de la Copa Mundial en tres ocasiones y han sido tres las mascotas que se han convertido en los anfitriones del evento ante el mundo, cada una con diferente origen, significado y naturaleza.
En 1970 se contó con “Juanito”, el primer personaje con figura humana representado como un pequeño niño alegre, ataviado con un enorme sombrero de charro, playera, pantaloncillo corto y balón a los pies.
Para 1986, con la intención de dar continuidad al uso de la figura humana como mascota oficial del evento, se partió de la idea de retomar la caricatura de Cantinflas, personaje emblemático del cine mexicano, que para entonces ya protagonizaba Cantinflas Show, una serie televisiva de dibujos animados de carácter didáctico.
Desde 1985, el convenio entre la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), Bora Milutinović y el propio Mario Moreno “Cantinflas” estaba prácticamente cerrado; sin embargo, casi en el último momento y como consecuencia de desacuerdos entre el actor y la FIFA por los derechos de uso de la imagen del personaje, la propuesta tuvo se tuvo que descartar.
Al año siguiente, Octavio Romero Gil y su equipo creativo diseñaron a “Pique”, un chile jalapeño bigotón, con sombrero de charro, playera roja y shorts, acompañado por un balón de fútbol. Se trató de la segunda mascota vegetal representativa de un producto agrícola del país sede (como “Naranjito”, del Mundial de 1982 en España), la cual, además de enfatizar al chile como el ingrediente insustituible de la gastronomía mexicana, también simbolizó la pasión por la contienda deportiva, “sazonándola” con la calidez, picardía y humor alburero de los mexicanos.
En 2026 fue el turno de “Zayú” (del mixteco Dzahui: lluvia), un pequeño jaguar juguetón conocido como uno de los felinos más emblemáticos del continente americano, desde las costas del sur de México hasta las zonas ribereñas de Argentina.
Predominante en la cosmovisión de los antiguos olmecas, el jaguar con sus enormes colmillos y grandes fauces abiertas simbolizaba a la madre tierra que, en su fuerza dual más amplia, es capaz de dar y de “devorar” la vida de los seres vivos para luego conducirlos al inframundo.
Por su parte, hacia el sureste mexicano dentro de la mística maya, el jaguar era el dios Balam, “el señor dueño, protector y guardián de la selva”, la feroz encarnación de las noches de cielo estrellado (por las manchas en su piel), del sol nocturno y el inframundo.
Zayú y Fuleco, una alerta ecológica
El ambiente que se vive durante una copa de fútbol es, quizás, uno de los aspectos que hacen más memorable este tipo de eventos; pues además de motivar el ánimo y sano espíritu de la competencia amistosa, estimula el desarrollo de una consciencia que trascienda el terreno del entretenimiento y la diversión. Esto destaca con el uso de mascotas como “embajadoras” de los países sede ante el mundo.
La elección del jaguar como uno de los animales simbólicos del Mundial 2026 no debe tomarse sólo como una imagen típica de una región geográfica determinada, sino como un recordatorio de cómo la agresión constante a los ecosistemas del planeta sigue dejando huellas en la flora y su fauna.
Desgraciadamente, el jaguar es un ejemplo entre tantos en nuestro país de un animal en peligro de extinción como consecuencia de la deforestación de su hábitat natural para ganar territorio y destinarlo a la práctica ganadera.
De acuerdo con el Tercer Censo Nacional del Jaguar (2024), se estima que, hoy en día, en México quedan 5 mil 326 jaguares en vida silvestre. Esto significa que hubo un incremento del 10 por ciento respecto de 2018; sin embargo, no es suficiente para sacar a la especie de la categoría de peligro de extinción. Se necesitarían, al menos, 30 años más de este ritmo de recuperación para alcanzar los ocho mil a 10 mil ejemplares que la pondrían fuera de riesgo.
El jaguar como mascota futbolera no ha sido el único en esta situación. “Fuleco”, el armadillo bola representativo del Mundial en Brasil en 2014, también se encuentra en peligro de extinción. Que sirvan, entonces, las copas mundiales como espacios propicios para visibilizar estas amenazas con el fin de generar planes y proyectos de conservación y cuidado de la vida en todas sus manifestaciones.
Cada mascota mundialista (Juanito, Pique, Zayú) es un documento visual de su época: leerlas con atención es leer cómo se ha construido la imagen de México frente al mundo. Si estudias o te interesa la Licenciatura en Diseño Gráfico, estos ejercicios de identidad visual deportiva ofrecen un caso de estudio real sobre semiótica, cultura popular y estrategia de marca aplicada a un evento global.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles han sido las mascotas de los mundiales celebrados en México?
Juanito (1970), un niño con sombrero de charro; Pique (1986), un chile jalapeño, y Zayú (2026), un jaguar, esta vez compartido con Estados Unidos y Canadá como sede.
¿Por qué se descartó a Cantinflas como mascota del Mundial 1986?
Por desacuerdos entre Mario Moreno “Cantinflas” y la FIFA sobre los derechos de uso de la imagen del personaje, a pesar de que el acuerdo estaba prácticamente cerrado desde 1985.
¿Qué relación tiene Zayú con la conservación del jaguar en México?
El jaguar aún está catalogado en peligro de extinción en México, con cinco mil 326 ejemplares registrados en 2024. Su elección como mascota busca visibilizar esa amenaza ecológica, en un paralelismo con “Fuleco”, la mascota-armadillo del Mundial de Brasil 2014.
Para saber más
Storytelling y Presentaciones de Impacto
CNN en Español (2026). ¡España, campeón del Mundial 2026! Así fue el 1-0 a Argentina en la final.
ESPN.com (2026). Mundial 2026: fixture, calendario, fechas, horarios y sedes. ESPN Deportes.
González, D. (2025). Aumenta 10% la población de jaguares en México, pero la especie sigue en peligro de extinción. La Jornada. México.


