El cerebro en la era digital. Cómo influyen las pantallas en el desarrollo cognitivo

Autor UIC

Escrito por: Isabel Torres Knoop

Licenciatura en Psicología

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Para niños menores de dos años, la Academia Americana de Pediatría recomienda la exposición cero a pantallas; mientras que para los de entre siete y 12 años, de 30 a 60 minutos al día. Esto, debido a que diversos estudios asocian el uso excesivo de pantallas con un menor desarrollo de funciones ejecutivas y procesos inflamatorios, los cuales afectan el ánimo y la cognición. Cabe aclarar que no con toda la tecnología pasa igual; pero sí importa tanto el tiempo que se les dedica, como el tipo de contenido que se consume.

Revisar el celular al despertar, estudiar frente a una computadora, ver videos durante los descansos y terminar el día navegando en redes sociales se ha convertido en una rutina para millones de personas. Pero ¿qué efectos tiene esta exposición constante a las pantallas en el desarrollo y funcionamiento de nuestro cerebro?

La tecnología ha transformado la manera como nos comunicamos, accedemos a la información, aprendemos e interactuamos con los demás. Sin embargo, desde la psicología y las neurociencias, el uso frecuente de dispositivos electrónicos plantea interrogantes sobre el efecto que esto tiene en el funcionamiento de nuestro cerebro; sobre todo, cuando hablamos de las infancias.

¿Qué es el neurodesarrollo?

Para abordar los efectos que tiene el uso de dispositivos electrónicos en el desarrollo de los procesos cognitivos, es importante referir que el neurodesarrollo se define como el conjunto de procesos biológicos y ambientales mediante los cuales el sistema nervioso se forma y madura, desde la etapa prenatal hasta la adultez; incluyendo procesos como la formación de neuronas, el establecimiento de conexiones entre ellas y la maduración de las redes cerebrales que permiten el aprendizaje y la adaptación al entorno. Se trata de un proceso continuo que tiene diferentes periodos, de manera que no todas las regiones y estructuras cerebrales maduran al mismo tiempo.

Lo que dice la evidencia. Entre beneficios supervisados y exposición excesiva

De acuerdo con Auxier et al. (2020), más del 90 por ciento (%) de las infancias de entre cero y seis años de edad tienen acceso a dispositivos electrónicos. Por supuesto, se han identificado beneficios en el uso supervisado de aplicaciones educativas; por ejemplo, en la coordinación motriz fina y en algunos aspectos de la atención. Sin embargo, existen investigaciones y hallazgos consistentes que indican que la exposición excesiva y no supervisada impacta de manera negativa en el lenguaje, el sueño, las funciones ejecutivas y la regulación conductual (Verma et al., 2025).

Ya que el cerebro infantil se encuentra en una etapa de plasticidad y cambio, es importante analizar de qué manera las experiencias digitales forman parte del entorno que influye en su desarrollo. La Academia Americana de Pediatría (2016) recomienda exposición cero en niños menores de dos años y entre 30 y 60 minutos por día entre las edades de siete y 12 años. Sin embargo, si miramos a las infancias que nos rodean, hay un consumo mayor, no sólo de aplicaciones educativas, sino de videos/televisión, juegos, redes sociales, entre otros, en muchos sectores de la población.

El correlato biológico. Inflamación y BDNF

El desarrollo de los procesos cognitivos y la maduración del sistema nervioso resulta de la interacción continua entre factores genéticos, los tiempos de maduración biológica y la interacción constante del individuo con el ambiente.

A nivel biológico, estudios recientes (Verma et al., 2025) sugieren que el uso excesivo de pantallas durante la infancia podría estar relacionado con procesos inflamatorios en el cerebro que afectan el estado de ánimo, la capacidad cognitiva y la conducta.

En niños pequeños, pasar más de una hora diaria frente a pantallas se ha asociado con niveles más bajos de BDNF, una proteína importante para el desarrollo cerebral; en especial, cuando existen pocas interacciones sociales. Además, podría asociarse con un mayor riesgo de alteraciones neurológicas a largo plazo, aunque aún se requiere más investigación para comprender esta relación.

El impacto en las funciones ejecutivas

Si hay cambios a nivel biológico, también hay cambios en los procesos que estas regiones de nuestro cerebro sostienen. De nuevo, la evidencia científica sugiere que la exposición excesiva a pantallas durante la infancia influye en el desarrollo de diversas habilidades cognitivas y de autorregulación.

En un estudio de Arámburo et al. (2022), por ejemplo, se encontró que el tiempo elevado de exposición a pantallas en la infancia se asocia con un menor rendimiento en pruebas que evalúan las funciones ejecutivas (conjunto de procesos cognitivos que permiten el control conductual dirigido al logro de metas); en particular, en aspectos de control atencional e inhibitorio. Se ha observado una asociación entre el uso prolongado de dispositivos electrónicos y dificultades para mantener la atención, controlar impulsos, planificar actividades, establecer metas y adaptarse a situaciones nuevas.

Dichas habilidades permiten acciones tan cotidianas como seguir instrucciones en clase, organizar tareas escolares, esperar turnos durante un juego o mantener la concentración mientras se realiza una actividad. Se trata de un conjunto de procesos cognitivos cuya maduración lleva mucho tiempo, por lo cual son susceptibles a las experiencias que tenemos a lo largo de nuestra infancia y adolescencia.

No es sólo cuánto tiempo, sino cómo se usa

Los efectos no dependen únicamente del tiempo de exposición, sino también del tipo de contenido que se consume y de la manera como se utiliza la tecnología. Mientras que el consumo pasivo de contenido, como la visualización continua de videos cortos, se ha asociado con resultados menos favorables, algunas actividades interactivas y guiadas contribuyen al desarrollo de determinadas habilidades cognitivas. Por ello, la calidad de la experiencia digital es un factor tan importante como la cantidad de tiempo que se dedica a las pantallas.

La evidencia científica disponible sugiere que el uso de dispositivos electrónicos durante la infancia influye en distintos aspectos del desarrollo cerebral y cognitivo. Sin embargo, el desafío es comprender cómo, cuándo y para qué se utiliza.

Las pantallas forman parte de la vida cotidiana y continuarán acompañando a las nuevas generaciones; entonces, la tarea de familias, educadores y profesionales de la salud es promover experiencias digitales que favorezcan el aprendizaje, la interacción social y el bienestar. En última instancia, el desarrollo infantil depende no sólo de la presencia de la tecnología, sino de la calidad de los entornos humanos que la acompañan.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad los niños pueden empezar a usar pantallas?

La Academia Americana de Pediatría recomienda exposición cero antes de los dos años y entre 30 y 60 minutos diarios entre los siete y 12 años.

¿Todas las pantallas afectan igual el desarrollo cognitivo?

No. La evidencia sugiere que el consumo pasivo (videos cortos continuos) se asocia con resultados menos favorables, mientras que actividades interactivas y guiadas pueden contribuir al desarrollo de ciertas habilidades.

¿Qué son las funciones ejecutivas y por qué importan en la infancia?

Son el conjunto de procesos cognitivos que permiten el control conductual dirigido a metas: atención, inhibición, planificación y adaptación. Su maduración es lenta, por lo que son especialmente sensibles a las experiencias de la infancia y la adolescencia.

¿El uso de pantallas “daña” el cerebro de forma permanente?

La evidencia disponible muestra asociaciones, no una relación de causa-efecto definitiva ni daño irreversible comprobado; los propios estudios piden más investigación. El objetivo no es demonizar la tecnología, sino usarla con calidad y acompañamiento.

Para saber más

Licenciatura en Psicología

Doctorado en Psicoanálisis

American Academy of Pediatrics (2016). Media and young minds. Pediatrics, 138 (5).

Arámburo, M., López, C. y Rinaldi, M. (2022). El uso de dispositivos electrónicos y su impacto en el desarrollo de las funciones ejecutivas y las habilidades sociales. Córdoba: Universidad Católica de Córdoba.

Auxier, B., Anderson, M., Perrin, A. y Turner, E. (2020). Parenting Children in the Age of Screens. Washington: Pew Research Center.

Chen, Y., Yim, H. y Lee, T. (2023). Negative impact of daily screen use on inhibitory control network in preadolescence: A two-year follow-up study. Developmental Cognitive Neuroscience, 60.

Verma, A., Kumar, A., Chauhan, S., Sharma, N., Kalani, A. y Gupta, P. (2025). Interconnections of Screen Time with Neuroinflammation. Molecular and Cellular Biochemistry, 480 (3), 1519-1534.

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