En México, 39.9% de las mujeres ha experimentado violencia por parte de su pareja, y la violencia psicológica (aislamiento, descalificación, control) es la más frecuente. Cuando una relación gira en torno a las necesidades de una sola persona, con ciclos de idealización y devaluación, puede tratarse de una dinámica narcisista. Reconocer el patrón es el primer paso para recuperar la propia experiencia.
Las relaciones de pareja son una fuente de afecto, seguridad y crecimiento. Sin embargo, también existen vínculos en los que, de manera progresiva, aparece un desequilibrio emocional.
En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2021), 39.9% de las mujeres de 15 años y más ha experimentado violencia por parte de su pareja actual o más reciente, siendo la violencia psicológica (aislamiento, amenazas, descalificación emocional) la más frecuente, con un 35.4%. Ésta se da cuando una persona comienza a ocupar cada vez más espacio mientras la otra aprende a ceder, justificarse, dudar de sí misma o anteponer constantemente las necesidades de su pareja.
Si en una relación predominan rasgos narcisistas, el desequilibrio se hace evidente. La constante necesidad de admiración, la dificultad para reconocer las necesidades emocionales del otro, la manipulación o la necesidad de control transforman gradualmente la dinámica de pareja.
El problema es que estas relaciones no siempre son conflictivas desde el inicio; al contrario, pueden iniciar con una intensidad emocional que hace que la otra persona se sienta querida, reconocida y valorada. Por ello, comprender cómo funcionan estos vínculos puede ser el primer paso para reconocer cuándo ya no es saludable una relación.
¿Qué entendemos por narcisismo?
Es importante hacer una distinción. Presentar rasgos narcisistas no equivale a tener un trastorno narcisista de la personalidad. El diagnóstico de un trastorno de personalidad corresponde a profesionales de la salud mental y requiere una evaluación clínica.
Sin embargo, existen características asociadas al funcionamiento narcisista que es posible observar en las relaciones interpersonales; entre ellas, la necesidad de admiración, una visión exagerada de las capacidades propias, sentimientos de superioridad y dificultad para considerar las necesidades emocionales de los demás.
Paradójicamente, detrás de esta imagen segura puede haber una autoestima frágil. La valoración personal depende del reconocimiento que se recibe; por ello, la admiración, los halagos y la atención son relevantes. Esto repercute en la pareja.
Cuando la relación comienza a girar alrededor de uno
En un vínculo saludable hay espacio para las necesidades, emociones, opiniones y límites de las dos personas. Y si bien no hay equilibrio en todo momento, sí se sienten escuchadas y reconocidas. En cambio, cuando predominan dinámicas narcisistas, la relación se organiza distinto. Una de las personas demanda mayor atención y reconocimiento, mientras muestra menor sensibilidad ante las necesidades de su pareja. Incluso, aparece impaciencia o devaluación cuando el otro intenta expresar sus sentimientos.
Poco a poco, el afectado comienza a preguntarse qué debe hacer para evitar conflictos, cómo debe comportarse para recibir afecto otra vez o qué hizo mal para provocar determinada reacción. Sin darse cuenta, termina adaptando su comportamiento al estado emocional de su pareja.
De la idealización a la devaluación
Una de las características confusas de estos vínculos es la alternancia entre momentos de gran reconocimiento y periodos de crítica o rechazo.
En una primera etapa se produce una fuerte idealización. La persona se siente especial, importante y querida. Más tarde aparece la devaluación: críticas, comparaciones, desprecio o humillaciones que afectan la autoestima. Finalmente, en algunas relaciones aparece el descarte, cuando se produce el alejamiento afectivo o la ruptura acompañada de culpabilización hacia la pareja.
Esta alternancia nos ayuda a comprender por qué una persona permanece en una relación que le produce sufrimiento. Un metaanálisis con más de 11 mil participantes encontró que el narcisismo como rasgo se asocia, de manera consistente aunque moderada, con la perpetración de la violencia en la pareja —una asociación más marcada en su forma psicológica que en la física—, lo cual respalda desde la evidencia empírica los patrones que describen quienes atraviesan este tipo de vínculos.
La respuesta no siempre está en una supuesta falta de voluntad. La persona también recuerda los momentos positivos y puede esperar recuperar aquella relación inicial. Los periodos de afecto, seguidos por rechazo y nuevamente por acercamiento, fortalecen el vínculo y dificultan la separación.
“Estás exagerando”: cuando comenzamos a dudar de nosotros mismos
Otra de las dinámicas que aparece es el gaslighting, una forma de manipulación que lleva a una persona a cuestionar sus propias percepciones, recuerdos o sentimientos.
Frases como “estás exagerando”, “eso nunca pasó”, “eres demasiado sensible” o “tú eres el problema” causan un efecto significativo cuando se mencionan repetidamente y forman parte de un patrón destinado a invalidar la experiencia de la otra persona.
Con el tiempo, quien recibe dichos mensajes deja de confiar en sus propias emociones y comienza a preguntarse si está exagerando, si entendió mal o si es responsable de los problemas de la relación.
Un impacto emocional profundo
Vivir durante un periodo prolongado de tiempo en una relación que se caracteriza por el control, la descalificación o la manipulación afecta el bienestar psicológico. La persona experimenta una disminución de su autoestima, dependencia emocional, aislamiento, culpa, confusión, y comienza a desconfiar de sus percepciones y a responsabilizarse de situaciones que no dependen exclusivamente de ella.
Por otro lado, el aislamiento también merece atención. Expresiones como “nadie te va a querer como yo” o “no puedes confiar en nadie más” alejan a la persona de sus redes de apoyo.
Por ello, la pregunta no debe ser sólo ¿quiero a esta persona?, sino también: ¿cómo me siento dentro de esta relación?, ¿puedo expresar lo que necesito?, ¿se respetan mis emociones?, ¿puedo establecer límites sin miedo?, ¿sigo reconociéndome a mí mismo dentro del vínculo?
Reconocer las señales de alarma
No todo conflicto de pareja implica narcisismo. Tampoco una conducta egoísta ocasional convierte a alguien en una persona con un trastorno de personalidad. Lo importante es observar los patrones repetidos.
La manipulación constante, la falta de empatía, la necesidad de control, la descalificación y la dificultad sistemática para asumir responsabilidad indican que existe una dinámica relacional dañina.
Reconocerla es difícil, sobre todo si se ha normalizado durante meses o años. Por ello, recuperar otras perspectivas es fundamental. Hablar con personas de confianza y buscar acompañamiento profesional ayuda a distinguir entre un conflicto habitual de pareja y una dinámica que está deteriorando el bienestar emocional.
Salir no siempre es sencillo
Desde fuera es evidente que alguien debe abandonar una relación que le hace daño; pero para quien está dentro, la experiencia es más compleja. Puede existir amor, miedo, culpa, dependencia, esperanza de cambio o una autoestima debilitada. De igual manera, puede haber intentos de reconciliación, promesas de cambio, culpabilización o reacciones de enojo cuando la otra persona empieza a establecer límites.
Por ello, no hay que reducir el proceso a decir “déjalo”. Recuperarse implica volver a confiar en las percepciones propias, reconstruir la autoestima, restablecer redes de apoyo y aprender a establecer límites. En algunos casos, también significa descubrir quiénes somos fuera de una relación que durante mucho tiempo ocupó gran parte de nuestra vida emocional.
Recuperar el propio lugar
Una relación saludable no exige desaparecer para conservar al otro, ni amar es evitar el enojo de la pareja, justificar lo injustificable, renunciar a las emociones propias o aceptar control, humillación o manipulación.
Reconocer una dinámica dañina no siempre conduce a terminar una relación, pero sí permite recuperar la capacidad de escuchar la propia experiencia. Establecer límites, fortalecer la autoestima y buscar apoyo profesional ayuda a recuperar la autonomía emocional.
Una de las preguntas más importantes frente a cualquier vínculo es: ¿esta relación me permite ser yo, o necesito ser menos yo para permanecer en ella? Porque una relación de pareja debe ser un espacio en el que dos personas se encuentran, no uno en el que una de ellas tenga que desaparecer para que la otra se sienta importante.
Si te identificas con lo que hablamos en este artículo, buscar acompañamiento profesional es un paso válido y recomendable. Desde la Licenciatura en Psicología reconocemos la importancia de espacios de escucha y orientación frente a estas dinámicas. Conoce nuestra Clínica Universitaria de Psicoterapia Psicoanalítica e Intervención Educativa.
Preguntas frecuentes
¿Tener rasgos narcisistas es lo mismo que tener un trastorno narcisista de la personalidad?
No. Tener algunos rasgos narcisistas no equivale a un trastorno de personalidad, cuyo diagnóstico corresponde exclusivamente a profesionales de la salud mental tras una evaluación clínica.
¿Qué es el gaslighting?
Es una forma de manipulación que lleva a una persona a cuestionar sus propias percepciones, recuerdos o sentimientos, por medio de un patrón persistente de frases que invalidan su experiencia.
¿Por qué es tan difícil salir de una relación con dinámicas narcisistas?
Porque suele existir alternancia entre idealización y devaluación, lo que genera la esperanza de recuperar los momentos positivos iniciales, junto con miedo, culpa o dependencia emocional.
Para saber más
American Psychiatric Association (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. American Psychiatric Association Publishing.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2022). Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021. Inegi.
Oliver, E., Coates, A., Bennett, J. y Willis, M. (2024). Narcissism and intimate partner violence: A systematic review and meta-analysis. Trauma, Violence & Abuse, 25(3), 1871-1884.
Organización Mundial de la Salud (2026). Violencia contra la mujer. Organización Mundial de la Salud.
Sweet, P. (2019). The sociology of gaslighting. American Sociological Review, 84 (5), 851-875.
World Health Organization (2022). Preventing intimate partner violence improves mental health. World Health Organization


