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Escrito por: Arq. Juan Pablo Garduño Ordaz
Docente en la Licenciatura en Arquitectura
junio 10, 2019

Imagina que vas en tu auto después de salir con tus amigos; no tomaste mucho porque sabías que manejarías. Te llega un mensaje por Whatsapp. No volteas a ver el semáforo que ya estaba en amarillo. Escuchas un carro frenar. Todo se pone negro.

Un par de semanas después, despiertas, pero no sientes una parte de tu cuerpo; crees que son los medicamentos. Vuelves a dormir.

Ha transcurrido un mes desde que viste a tus amigos o eso te acaban de decir. No le das importancia. Sigues sin sentir una parte del cuerpo, las piernas. El doctor te dice que no volverás a caminar.

Luego de tres meses, regresas a casa sólo para darte cuenta de que no puedes entrar. Cuando logras hacerlo, con la ayuda de un vecino, ves que el estudio ubicado en la planta baja es tu nueva recámara, pues subir las escaleras se vuelve un gran reto para ti. La privacidad en el baño es cosa del pasado. Tampoco puedes cocinar porque no alcanzas la estufa. Tu casa se convierte en tu enemigo.

Ahora, imagina la escuela, el gimnasio, tu restaurante favorito. ¿Podrías disfrutar de esos lugares como solías hacerlo antes del accidente?

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en México existen siete millones de personas que viven con alguna discapacidad, ya sea de nacimiento o adquirida; motriz, auditiva, visual o intelectual. De estos, 20% son niños de entre 0 y 15 años; 76.2% vive en localidades urbanas y 60.6% de personas con discapacidad intelectual tiene menos de 30 años.

Pero la discapacidad no la vive una persona, también la vive la familia. Multipliquemos 7 x 4, promedio de integrantes en una familia, el resultado son 28 millones de personas que necesitan de la accesibilidad.

Cualquier empresario que viera un negocio con 28 millones de clientes potenciales y en el que la única inversión es hacer bien las cosas, no dudaría en entrarle. La pregunta es: ¿por qué no lo hemos hecho? La respuesta es: educación

Cuando Nelson Mandela dijo que “la educación es el gran motor del desarrollo personal”, habla de la importancia de ser educado, aunque también de educar.

Tenemos frente a nosotros la oportunidad de educar y ser educados por medio de la arquitectura; de cambiar nuestra noción del término “normal”, de conocer nuestras diferencias; de ponerle silla de ruedas, bastón o muletas al hombre de Vitruvio; de ser mejores diseñadores, mejores arquitectos y mejores seres humanos.

Accesibilidad significa confort, seguridad y autonomía. Eliminar tanto barreras físicas, como culturales es hacer lo correcto, lo bueno y lo justo; significa hacer de la arquitectura una herramienta para un verdadero compromiso social. Ése es el significado de accesibilidad.

Para ti sólo fue un ejercicio de imaginación, para 7 millones de personas es una realidad. Cuando un espacio es accesible, la persona no vive la discapacidad.

Para saber más

Licenciatura en Arquitectura, Universidad Intercontinental. Disponible en  https://www.uic.mx/licenciaturas/division-ciencias-sociales/arquitectura/

Apoyo a lugares y proyectos accesibles. Disponible en www.lugaresaccesibles.com

* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional