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Escrito por: Angélica Monroy

febrero 10, 2020

El lunes 10 de febrero de 2020, en la Capilla Central del Seminario de Misiones Extranjeras de Misioneros de Guadalupe, se celebró una misa presidida por el padre Juan Francisco Torres, MG, director general de Formación Integral, en honor a San José Sánchez del Río.

La ceremonia tuvo como asistentes a diversos integrantes de la comunidad UIC y, durante la homilía, el padre Torres narró a los presentes parte de la vida de San José Sánchez del Río y los invitó a aprender a caminar como él en momentos de dificultad, siendo partícipes de la fe. Asimismo, invitó al vicerrector, maestro Hugo Avendaño Contreras a leer la carta que José Sánchez del Río envió a su madre antes de morir, y, a la directora de Actividades Deportivas, Dulce García Oceguera, a leer una oración para encomendarse al santo.

San José Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán. Al decretarse la suspensión del culto público, José tenía 13 años y 5 meses. Su hermano Miguel decidió tomar las armas para defender la causa de Cristo y de su Iglesia. José, viendo el valor de su hermano, pidió permiso a sus padres para alistarse como soldado; su madre trató de disuadirlo; sin embargo, él le dijo: “Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión”. Su madre le dio permiso, pero le pidió que escribiera al jefe de los Cristeros de Michoacán para ver si lo admitía y, al no ser aceptado, no se desanimó y luchó hasta conseguirlo.

El viernes 10 de febrero lo sacaron de la parroquia al mesón general del ejército federal. Le desollaron las plantas de los pies, y lo obligaron a caminar descalzo. Durante todo el trayecto, José, iba dando gritos y vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Al señalarle  su tumba y poniéndose al pie de ella fue sometido a ahorcamiento y acuchillamiento por sus verdugos. Uno de ellos, Rafael Gil Martínez apodado “El Zamorano”, lo bajó del árbol donde había sido colgado y le preguntó: “¿Qué quieres que le digamos a tus padres?” José respondió con voz de mucha fatiga: “Que viva Cristo Rey y que en el cielo nos veremos”. El verdugo sacó su pistola y lo mató de un tiro en la sien.

 

 

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