La nutrición basada en evidencia es un elemento clave cuando hablamos de propósitos de Año Nuevo relacionados con la salud, el peso corporal y la alimentación. Cada inicio de año, miles de personas se proponen “comer mejor”, “bajar de peso” o “cuidar su salud”; sin embargo, la evidencia científica demuestra que la mayoría de estos objetivos fracasan cuando se sustentan en restricciones extremas, dietas de moda o información sin respaldo científico.
Desde la perspectiva de la nutrición como ciencia de la salud, el éxito no radica en cambios drásticos, sino en la construcción de hábitos realistas, sostenibles y personalizados. La investigación actual ofrece herramientas claras para transformar los propósitos en acciones concretas, medibles y duraderas, con beneficios comprobables para la salud a corto y largo plazo.
Nutrición basada en evidencia y metas realistas
La nutrición basada en evidencia propone iniciar cualquier cambio alimentario mediante metas claras y bien estructuradas. Una de las estrategias más efectivas es el uso de objetivos SMART; es decir, específicos, medibles, alcanzables, relevantes y temporales. Por ejemplo, en lugar de plantear “comer más sano”, una meta SMART sería añadir una porción de verduras en dos comidas diarias durante el primer mes.
Este enfoque cuenta con respaldo científico. Estudios en nutrición conductual y formación de hábitos muestran que los cambios pequeños y progresivos tienen una mayor tasa de adherencia a largo plazo (Abbott, 2025). Además, metaanálisis que agrupan datos de más de 2.2 millones de personas señalan que, aumentar tan sólo 200 gramos diarios de frutas y verduras reduce de manera significativa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, cáncer y mortalidad general (Wood y col., 2026).
Por ello, modificar una comida a la semana para incluir más alimentos de origen vegetal es una estrategia accesible, sostenible y eficaz (Hohman, 2026).
Formación de hábitos alimentarios con respaldo científico
Es importante recordar que la formación de hábitos alimentarios requiere tiempo y constancia. La evidencia indica que se necesitan entre 59 y 154 días para que una conducta relacionada con la alimentación se automatice (Singh et al., 2024). Esto implica repetir una acción hasta integrarla a nuestra rutina diaria.
En este proceso, diversas estrategias han demostrado mejorar la adopción de hábitos saludables, comoel automonitoreo, el establecimiento de metas a corto plazo y el apoyo social. Registrar las comidas, llevar un seguimiento visual del progreso o compartir los objetivos con familiares o amigos aumenta la motivación y el compromiso (Dixit, 2023; Mattei et al., 2020).
Así, la nutrición basada en evidencia se enfoca en qué comer y en cómo facilitar el cambio de comportamiento de manera realista y humana.
Patrones alimentarios recomendados por la ciencia
Otro pilar fundamental es la elección de patrones alimentarios avalados por investigación científica. Modelos como la dieta mediterránea o la dieta cardiosaludable diseñada para reducir la presión arterial alta y mejorar la salud del corazón (DASH, por sus siglas en inglés) cuentan con el respaldo de ensayos clínicos y estudios epidemiológicos.
Estos patrones favorecen la salud cardiovascular, el control glucémico y el bienestar general; además de ser flexibles y culturalmente adaptables (Raw, 2024).
Es decir, más que dietas restrictivas, se trata de enfoques que promueven el equilibrio, la variedad y el disfrute consciente de los alimentos, lo que facilita su mantenimiento a largo plazo.
Ejemplo práctico aplicado a metas SMART
Para ilustrar cómo aplicar la nutrición basada en evidencia, consideremos un ejemplo concreto. Si el propósito es aumentar el consumo de verduras durante las primeras ocho semanas del año, una meta SMART sería consumir, al menos, 200 gramos adicionales de verduras en la ensalada del almuerzo, de lunes a viernes.
Las estrategias de apoyo pueden incluir registrar, diariamente, las porciones consumidas en una aplicación, agendar recordatorios para la preparación de alimentos y pedir a un familiar que revise y celebre el logro semanal.
De esa manera se construye una rutina estructurada, se miden resultados y se incorpora el apoyo social. Tras aproximadamente 60 días, estas acciones tienen alta probabilidad de consolidarse como un hábito estable.
Adoptar cambios alimentarios con respaldo científico incrementa la probabilidad de cumplir los propósitos de Año Nuevo y garantiza beneficios reales y medibles para la salud. La nutrición basada en evidencia ofrece las herramientas necesarias para transformar resoluciones temporales en hábitos positivos y duraderos.
Desde esta perspectiva, la formación académica en nutrición se vuelve fundamental. En la Universidad Intercontinental, la Licenciatura en Nutrición integra ciencia, práctica clínica y compromiso social, preparando profesionales capaces de guiar a las personas hacia una relación más saludable y sostenible con la alimentación.
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Para saber más
Abbott (2025). Creating healthy habits: There’s a science to it. Abbott Newsroom.
Dixit, P. (2023). Nutrition education and behaviour change strategies, effectiveness, and implications for promoting healthy eating habits. Journal of Sports Science and Nutrition,
4 (2), 127-132.
Hohman, M. (2026). Dietitian reveals her No. 1 resolution to make for 2026. TODAY.
Mattei, J., Alfonso y Ch. (2020). Strategies for healthy eating promotion and behavioral change perceived as effective by nutrition professionals: A mixed-methods study. Frontiers in Nutrition, 7.
Raw, V. (2024). 10 New year diets that support your health goals. Patient.
Singh, B., Murphy, A., Maher, C. y Smith, A. (2024). Time to form a habit: A systematic review and meta-analysis of health behaviour habit formation and its determinants. Healthcare,
12 (23), 2488.
Woods, R. (2026). Five evidence-based resolutions to improve your health. The Independent.

