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Escrito por: Jesús Ayaquica
Docente de la Licenciatura en Filosofía
noviembre 16, 2018

En 1996, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas invitó a sus miembros a celebrar el Día Internacional para la Tolerancia, decretando el 16 de noviembre como su fecha internacional.

En ese marco, ofrecemos las siguientes reflexiones acerca de sus límites. ¿Hasta dónde llega el deber de ser tolerantes?

La tolerancia en la Política y la Filosofía

En el contexto político contemporáneo se ha señalado que la tolerancia es la virtud por excelencia de la democracia.

Ser tolerante supone apertura y generosidad. Implica respeto a los demás, igualdad de todas las creencias y la convicción de que nadie tiene la verdad absoluta. Sin esta virtud fundamental, la democracia es un engaño, pues la intolerancia conduce directamente al totalitarismo.

En el pensamiento filosófico, diversas teorías han explicado la tolerancia desde un punto de vista negativo y otro positivo.

Tolerancia negativa

La etimología del término remite a la palabra latina tolerantia o toleratio, que significa: soportar, cargar o levantar. Desde esta perspectiva, está ligada a la paciencia o la simple indiferencia.

Algunos filólogos afirman que tolerancia también tiene relación con el verbo griego tlénai, que significa levantar o soportar.

Dicha palabra, según los expertos, da lugar al nombre Atlas, quien fue derrotado en la Batalla de los Titanes. Como resultado, Zeus lo obligó a cargar; es decir, a tolerar el peso del cielo sobre sus hombros.

Por tanto, el acto de tolerancia supone, en primer lugar, que existen razones para no aceptar una acción o creencia. Sin embargo, tras ponderar o sopesar esas razones, decidimos cambiar de opinión y ser tolerantes.

Por ello se dice que el concepto y la práctica de la tolerancia son inseparables de su opuesto: la intolerancia. En otras palabras, no puede haber buenos sin malos.

Tolerancia positiva

La tolerancia conlleva un esfuerzo para reconocer las diferencias y comprender al otro, lo cual significa que el concepto supone aceptar activamente el derecho de los demás de ser distintos y acoger esa discrepancia.

Bajo dicha perspectiva, la tolerancia hace posible la diferencia y la diferencia hace necesaria la tolerancia.

Sin embargo, la realidad multicultural y la diversidad radical de creencias que distinguen nuestro mundo actual vuelven necesarias algunas preguntas:

  • ¿La tolerancia, como virtud por excelencia de la democracia, está condenada a desconectarse de la verdad? Es decir, ¿cualquier opinión, por el hecho de ser pronunciada o ser defendida, debe ser tolerada y, por tanto, aceptada?
  • Si alguien expresa su opinión sobre mis deficiencias físicas o mentales ¿debo tolerarlo por el hecho de que sus críticas sean verdaderas?
  • Por respeto a las personas, ¿debemos tolerar sus opiniones, aunque sean ofensivas, gratuitas o simplemente erróneas?

No pretendo ofrecer respuestas, porque, respecto de estas inquietantes cuestiones, no creo que exista una sola manera válida de hacerlo. Únicamente compartiré, a continuación, algunas ideas que son fruto de la reflexión de un filósofo y teólogo medieval.

Los límites de la tolerancia

Santo Tomás de Aquino, religioso dominico, ya se hacía preguntas parecidas desde el lejano 1260.

Un concepto clave de su pensamiento consiste en señalar que la tolerancia no es un valor absoluto. Hoy en día, en múltiples escenarios se presenta como una virtud suprema, por encima del bien o de la verdad.

Por el contrario, la tolerancia en la filosofía tomista, tiene límites bien establecidos:

  • En primer lugar, debido a que, de manera objetiva, existen ciertas conductas que, de suyo, son intolerables por su objeto. Por ejemplo, sería inaceptable que los padres de escasos recursos pudieran vender a sus hijos para aliviar su situación económica.
  • En segundo lugar, la tolerancia tiene límites marcados por las disposiciones o aptitudes personales. Por ejemplo, la paciencia de las personas no es infinita y la tolerancia requiere cierta disposición para sufrir la contradicción. Por eso, tarde o temprano, dicha capacidad encuentra un límite en cada ser humano.

Así es como santo Tomás señala que estamos obligados a tolerar las afrentas “si eso es conveniente”. En consecuencia, algunas veces, lo que corresponde es que rechacemos el ultraje recibido, debido a dos razones:

  • Por el propio bien del que nos está ofendiendo, pues de esa forma reprimimos su imprudencia. Además, impedimos que repita tales comportamientos inaceptables en el futuro.
  • Por el bien de otras personas, que podrían resultar afectadas o desorientadas debido a nuestra falta de respuesta. En efecto, nuestra pasividad en esos casos no sería un ejemplo adecuado para aquellos que están bajo nuestro cuidado. Hay ocasiones en que las personas esperan de nosotros una respuesta convincente ante las injurias.

Orientaciones para la acción

La tolerancia en el pensamiento de santo Tomás de ninguna manera es sinónimo de pasividad o de condescendencia con la estupidez, con la maldad o la ignorancia.

Lo más importante en este asunto es que, si se decide responder a las afrentas, de ninguna manera se debe pretender el mal para el agresor. Que la tolerancia tenga límites y en ocasiones admita la defensa firme no es sinónimo de simple venganza.

La respuesta, por tanto, debe tener la intención de ayudar a quien ataca y evitar que continúe haciendo el mal. Asimismo, su objetivo es ayudar a aquellos que esperan una réplica asertiva de nuestra parte.

La consecuencia más valiosa de este planteamiento es que una tolerancia con límites hace posible hacer frente a lo intolerable. Cuestión que resulta más que necesaria en el agitado escenario político y social de nuestros días.

Nuestro contexto vital

Por último, vale la pena efectuar una reflexión serena y honesta sobre la realidad personal en la que vivimos.

Es muy probable que la mayoría de opiniones y creencias con las que no concordamos afecten exclusivamente a nuestra persona. Por tanto, hemos de aceptar que pertenecen al terreno de lo razonablemente tolerable.

Convivimos a diario con personas de muy diversas opiniones y maneras de vivir y nos es imposible corregirlas a todas. En la mayoría de esos casos, el costo personal de la intolerancia es sensiblemente mayor que el de la comprensión.

Por ello, en este día, vale la pena promover y comprometernos con el valor de la tolerancia. Hoy, como en los tiempos de santo Tomás, aún es necesaria para la promoción de un mundo más humano.

Para saber más

Licenciatura en Filosofía, Universidad Intercontinental. Disponible en https://www.uic.mx/licenciaturas/instituto-intercontinental-de-misionologia/filosofia/

Maestría en Filosofía y Crítica de la Cultura. Universidad Intercontinental. Disponible en https://www.uic.mx/posgrados/cultura-desarrollo-humano/maestria-filosofia-critica-la-cultura/

Día internacional para la tolerancia. 16 de noviembre. Naciones unidas. Disponible en http://www.un.org/es/events/toleranceday/

Ezequiel Téllez Maqueo, “Tomás de Aquino como antecedente medieval de la tolerancia moderna” en Tópicos. Revista de Filosofía, núm. 36, México, 2009.

https://www.academia.edu/3120344/Tom%C3%A1s_de_Aquino_como_antecedente_medieval_de_la_tolerancia_moderna

* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional