En el Auditorio Fray Bartolomé de las Casas de la UIC se llevó a cabo la mesa de diálogo “Vivienda mínima”, como parte del Concurso Académico de Escuelas de Arquitectura, que este año celebra 25 años de trayectoria. El encuentro reunió a docentes y especialistas para analizar uno de los temas más urgentes de la agenda urbana: el acceso a una vivienda accesible, adecuada y socialmente responsable.
Durante la apertura, se destacó que el concurso cumple un cuarto de siglo impulsando proyectos con impacto social, enfocados en comprender problemáticas reales y proponer soluciones viables. El maestro Rafael Reyes subrayó que los temas abordados deben aportar a la sociedad, especialmente en un contexto donde la vivienda representa un desafío complejo. Señaló que una de las soluciones recurrentes ha sido desplazar la vivienda hacia las periferias para abaratar costos, lo que genera nuevas problemáticas relacionadas con servicios, movilidad y calidad de vida.
En la mesa participaron Emmanuel Alejandro León Martínez, Naomi Debash, Andrea Alear Aceves, Francisco Javier Luna, Abraham Vincent Cervera y la profesora Circe Adriana Orozco. A lo largo del diálogo se abordaron distintos enfoques sobre la vivienda social y la vivienda mínima. Andrea explicó que la vivienda social está definida por la ley y conlleva implicaciones normativas importantes. Naomi profundizó en el costo de la vivienda, los modelos existentes, la capacidad crediticia y la relación entre financiamiento y acceso real al derecho a habitar.
Por su parte, Emmanuel presentó los elementos que definen una vivienda adecuada, como la asequibilidad, la disponibilidad de servicios y el impacto social de los proyectos masificados. La profesora Circe invitó a cuestionar el concepto de habitabilidad, preguntando bajo qué términos se define y cómo se vive en zonas populares como Tacuba. Abraham señaló que los arquitectos deben asumir el reto de aportar valor a la vivienda mínima y repensar lo ya existente, mientras que Francisco planteó interrogantes clave: ¿vivienda para quién, dónde y cuánta?, especialmente en un contexto de escasez de suelo.
Se discutió el problema de la vivienda abandonada en el país —una parte significativa concentrada en el Estado de México— y cómo la mala calidad del entorno inmediato influye en este fenómeno. Los panelistas coincidieron en que contar con prototipos de vivienda mínima no implica aceptar una vida con calidad mínima.
Entre los temas abordados estuvieron la desigualdad urbana y económica, el acceso a áreas verdes y espacios públicos, la regulación del costo del suelo, los sistemas constructivos, la expansión vertical frente a la horizontal y el impacto ambiental de la arquitectura. Incluso se hizo referencia a la película High-Rise, protagonizada por Tom Hiddleston, como ejemplo de las tensiones sociales que pueden surgir en desarrollos verticales mal planificados.
La sesión concluyó con una reflexión sobre la misión de quienes producen vivienda, la huella de carbono y la necesidad de entender la normativa y las finanzas como parte integral del proceso arquitectónico. Actualmente, el concurso impulsa dos proyectos enfocados en vivienda pública para jóvenes y mujeres adultas mayores, con atención especial a grupos vulnerables.
La mesa dejó claro que la vivienda no debe concebirse únicamente como mercancía, sino como un derecho que exige soluciones creativas, sostenibles y socialmente comprometidas.
Fotografías: Becky Guzmán

