Nuestra misión en Chile fue una experiencia profundamente enriquecedora, tanto a nivel personal como comunitario. Visitamos diversas comunidades fuera de la ciudad de Santiago, donde compartimos la fe desde realidades y contextos culturales distintos, los cuales nos abrieron el corazón y ampliaron nuestra mirada.
A lo largo de esta experiencia, fortalecimos el trabajo en equipo, aprendimos a escuchar con mayor profundidad, a respetar al otro y a comprender que la fe se vive y se expresa de múltiples maneras, todas igualmente valiosas. Cada comunidad nos enseñó, desde la sencillez y la unión, el verdadero sentido de la entrega, el servicio y el amor al prójimo.
Salir de nuestro contexto cotidiano nos permitió crecer, servir y dejarnos transformar. Sin duda, las misiones fuera de casa dejan una huella profunda en quienes las viven, fortalecen el corazón y nos regalan aprendizajes y una fe renovada que nos acompañará a lo largo de nuestra vida.
Esta vivencia formó parte de una iniciativa de la Pontificia Universidad Católica de Chile, organizada por su Pastoral Universitaria, que convoca a jóvenes a anunciar a Cristo y acompañar a comunidades en distintos lugares del país durante el periodo de verano. Las comunidades a las que fuimos enviados fueron Villa Linda y Peor es Nada en la localidad de Chimbarongo.
En el marco de su proceso de internacionalización, fuimos invitados como estudiantes de una universidad extranjera a sumarnos a esta experiencia de servicio, fe y encuentro. En esta misión, la Pastoral UIC estuvo representada por la Lic. Shendel Aitana Maravilla, y también participaron dos exaUIC: Enrique Robles, egresado de la Licenciatura en Pedagogía, y Daylinne Rocha, egresada de la Licenciatura en Relaciones Comerciales Internacionales. Sin duda, esta experiencia compartida fortaleció nuestra fe y consolidó los lazos de amistad, colaboración y corresponsabilidad que nos unen como universidades al servicio de los demás.

