Una Pascua Juvenil que nos reunió desde el corazón

Una Pascua Juvenil que nos reunió desde el corazón

Escrito por: Dirección General de Formación Integral

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A veces los planes cambian. Y aunque al inicio puede sentirse como una pérdida, también puede ser el inicio de algo mucho más profundo.

Este año, las circunstancias de seguridad en el país no permitieron salir a “Campo Misión” en el estado de Guerrero como se tenía previsto. Pero lo que parecía un límite, se transformó en una oportunidad: quedarnos y encontrarnos de una manera distinta.

Así nació la primera Pascua Juvenil UIC; más cercana, más hacia adentro, más desde el corazón.

Durante estos días, 24 estudiantes, tanto de bachillerato como de licenciatura decidieron darse la oportunidad de vivirla. Acompañados por representantes de la Universidad Motolinía y por jóvenes de la UPAEP, se fue formando poco a poco una comunidad unida por algo esencial: el deseo de algo más, de algo que llenara de verdad.

Fueron días de silencios que hablaban, de miradas que acompañaban, de conversaciones que sanaban. Días de oración, de reflexión y de encuentro, donde cada momento recordaba que la Pascua no es un lugar al que se va, sino una experiencia que se vive.

También, se celebraron los distintos oficios de Semana Santa, espacios profundamente significativos que nos permitieron vivir, paso a paso, el misterio de estos días. En ellos, además, nos acompañaron algunos padres de familia, sumándose a esta experiencia y recordándonos que la fe también se construye en comunidad, más allá de generaciones.

Y en medio de todo, hubo un momento que tocó el corazón de todos. Luis Alberto Hernandez Lobato de la Licenciatura en Administración y Dirección Estratégica recibió los sacramentos de iniciación cristiana después de su preparación como catecúmeno. No fue solo una celebración, fue un testimonio vivo. Un recordatorio de que siempre se puede volver a empezar, de que la fe transforma, de que el amor de Dios sigue alcanzando incluso en los momentos más inesperados.

Esta Pascua no fue como la imaginábamos, fue distinta, pero, tal vez, justo por eso, fue más real.

Porque cuando nos atrevemos a quedarnos, a abrir el corazón y a caminar juntos, descubrimos que Dios no necesita grandes escenarios para hacerse presente, solo necesita comunidad.

Y ahí, justo ahí, nos encontró.

 

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