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Escrito por: Daniela Flores Mosri
Catedrática de la Licenciatura en Psicología, Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica y Doctorado en Psicoanálisis
junio 26, 2018

En los últimos años, el consumo de drogas ha aumentado de manera tan significativa que se ha llegado al grado de pensar que utilizarlas es una conducta estadísticamente normal. Sin embargo, una mirada desde el punto de vista de la salud muestra que esta situación no es un asunto de mera adaptación a los tiempos actuales.

En efecto, el consumo de sustancias psicotóxicas —legales o no— acarrea una serie de efectos indeseados e inevitables que nos llevan a reflexionar sobre su uso. Si bien es cierto que en los consumidores hay ciertos aspectos genéticos y sociales, el factor más preocupante es su constante sentimiento de malestar interno. Este malestar es justo lo que los impulsa a buscar algo para aliviarlo.

El consumo de drogas psicotóxicas genera efectos indeseados e inevitables.

Sin embargo, es muy común atribuir la adicción a las drogas a la influencia de malas amistades o a tendencias de moda, sin tomar en cuenta las causas de base, lo cual dificulta la prevención y el tratamiento de los trastornos relacionados con el consumo de las sustancias psicotóxicas.

El riesgo de no atender debidamente la adicción es que la enfermedad se vuelve incurable —y sólo tratable— cuando se rebasa cierto límite en el sistema nervioso, en particular, en el circuito encargado de la motivación y la curiosidad en el cerebro de los mamíferos: circuito mesocórtico-mesolímbico de dopamina.

Dos aspectos revelan que el límite se ha rebasado: 1) cuando la tolerancia a la droga es ya notable y aparecen síntomas del síndrome de abstinencia, y 2) cuando se manifiesta el craving o deseo irrefrenable hacia el consumo de esas sustancias.

De este modo, no hay que esperar a que el consumo de drogas se convierta en dependencia para declarar la existencia de un problema. Por el contrario, la investigación sobre este fenómeno debería enfocarse hacia las causas que subyacen en el individuo consumidor. Sólo de ese modo podrán alcanzarse mejores resultados que los obtenidos hasta hoy.

El fundamento es claro: quien requiere modificar un estado subjetivo es porque no se siente bien. Ese malestar es el que necesita atención antes de que el consumo de las drogas se vuelva independiente de la voluntad del usuario.

Nuestra cultura se encuentra en malestar, y ese malestar crónico derivado de la forma de vida ayuda en parte a comprender el consumo de sustancias psicotóxicas. No obstante, es esencial revisar clínicamente, caso por caso, los aspectos que intervienen e impactan en el consumo y las distintas causas de ellos.

 

Para saber más:

A. Escohotado, Aprendiendo de las drogas: usos, abusos, prejuicios y desafíos, Barcelona, Anagrama, 2005.

A. Escohotado, Historia general de las drogas, Barcelona, Espasa, 2002.

B. Johnson, “A ‘neuropsichoanalytic’ treatment of a patient with cocaine dependence, Neuropsychoanalysis, núm. 11, vol. 2, 2009, pp. 181-196.

D. Flores Mori, “A neuropsychoanalytic understanding and treatment for a borderline patient who used cannabis, Neuropsychoanalysis, 19: 1, 87-101, DOI: http://dx.doi.org/10.1080/15294145.2017.1294029

E. Khantzian, “The self-medication hypothesis of addictive disorders: Focus on heroin and cocaine dependence”, en D. Yalisove (ed.), Essential Papers on Addiction, Nueva York, New York University Press, 1985, pp. 429-440.

E. Khantzian, “The self-medication hypothesis of substance use disorders: A reconsideration and recent applications”, Harvard Review of Psychiatry, núm. 4, 1997, pp. 231-244.

E. Khantzian, “Understanding addictive vulnerability”, Neuro-psychoanalysis, núm. 5, 2003, pp. 5-21.

J. Panksepp y L. Biver, The Archaeology of Mind: Neuroevolutionary Origins of Human Emotions, Nueva York, Norton, 2012.

J. Panksepp, Affective Neuroscience, Oxford, Oxford University Press, 1998.

United Nations Office on Drugs and Crime, World Drug Report, 2017. Disponible en https://www.unodc.org/wdr2017/

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