La relación entre nutrición y rendimiento académico se hace evidente durante las semanas de exámenes: estudiantes que sustituyen comidas por café, pasan horas sin comer o sobreviven con snacks ultraprocesados mientras intentan mantener la concentración frente a una pantalla o un libro.
Cada 23 de mayo, Día del Estudiante, se reconoce el esfuerzo académico y personal que implica la vida universitaria. Sin embargo, pocas veces se habla de la alimentación; no como tendencia wellness ni como ideal de perfección, sino como una condición que influye en la energía, la memoria y la regulación emocional.
La vida universitaria y los hábitos alimentarios
Ser estudiante implica adaptarse a horarios irregulares, entregas acumuladas, estrés académico y, en muchos casos, presupuestos limitados. Esa combinación se traduce en comidas rápidas, exceso de cafeína o largas horas sin ingerir alimentos.
No es raro que el desayuno desaparezca de la rutina o que la alimentación se eduzca a lo más práctico entre clases. El problema es que dichos patrones afectan la atención sostenida, la capacidad de concentración y el estado de ánimo.
Por otro lado, normalizar el agotamiento no significa que sea inocuo. La fatiga constante, la irritabilidad o la dificultad para enfocarse también puede relacionarse con hábitos alimentarios deficientes y falta de descanso.
El cerebro también depende de la alimentación
El rendimiento académico no se sostiene sólo con horas de estudio. La función cognitiva requiere de un aporte constante de energía y nutrimentos específicos.
Vitaminas del complejo B, hierro y ácidos grasos omega-3 participan en procesos vinculados con la memoria, la concentración y el funcionamiento cerebral. Los hidratos de carbono complejos, por ejemplo, ayudan a mantener niveles de glucosa más estables, lo cual es importante durante las jornadas de estudio.
Desde luego, ningún alimento garantiza mejores calificaciones; pero la evidencia sí muestra asociaciones entre la calidad de la dieta y el desempeño académico en estudiantes universitarios.
Estrés, alimentación y bienestar emocional
La vida universitaria exige a nivel cognitivo y también a nivel emocional. La ansiedad, la presión académica y el cansancio mental son parte de la experiencia de los estudiantes.
En los últimos años, diversas investigaciones han explorado la relación entre la alimentación y la salud mental. Las dietas equilibradas se asocian con una mejor regulación emocional; mientras que los patrones alimentarios pobres intensifican la fatiga y la irritabilidad.
Comer bien, entonces, no debe entenderse únicamente como una estrategia física; es, también, una forma de autocuidado en etapas de alta exigencia.
Hábitos realistas para estudiantes
Las recomendaciones nutricionales fracasan cuando ignoran la realidad cotidiana del estudiante promedio. No siempre hay tiempo para cocinar ni presupuesto para planes complejos.
Por ello, pequeños ajustes sostenibles son más útiles que los cambios drásticos; por ejemplo, evitar saltarse el desayuno antes de un examen, mantener una hidratación adecuada o incluir frutas y proteínas de calidad.
En el caso de estudiantes universitarios, la organización del tiempo influye tanto como la elección de alimentos. A veces, el problema no es la falta de información, sino la dificultad para sostener hábitos entre clases, trabajo y traslados.
Lo que debe discutirse
Hablar de rendimiento académico casi siempre lleva la conversación hacia las técnicas de estudio o la productividad. Mucho menos frecuente es preguntarse bajo qué condiciones físicas y emocionales están aprendiendo los estudiantes.
La nutrición no resuelve por sí sola el estrés universitario, pero sí modifica la manera como el cuerpo y la mente responden ante él. La pregunta, quizás, no es cuánto estudia una persona, sino qué tan sostenible es el ritmo que mantiene para hacerlo.
Desde la Clínica Universitaria de Nutrición, la UIC promueve una visión integral de la salud estudiantil, considerando la alimentación, el bienestar emocional y los hábitos cotidianos como parte de un mismo proceso.
Preguntas frecuentes
¿La alimentación influye en el rendimiento académico?
Sí. Una alimentación equilibrada favorece funciones cognitivas como concentración, memoria y atención sostenida.
¿Qué hábitos afectan más a estudiantes universitarios?
Omitir comidas, consumir exceso de cafeína, dormir poco y mantener dietas basadas en alimentos ultraprocesados.
¿Qué nutrimentos son importantes para el cerebro?
Hierro, vitaminas del complejo B, omega-3 y proteínas de buena calidad participan en procesos relacionados con función cognitiva.
¿Existe relación entre alimentación y salud mental?
Sí. Diversos estudios han encontrado asociaciones entre la calidad de la dieta y la regulación del estado de ánimo.
Para saber más
Organización Mundial de la Salud (2020). Dieta saludable.
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (2019). Guías alimentarias basadas en alimentos. Quebec: FAO
Gómez-Pinilla, F. (2008). Brain foods: The effects of nutrients on brain function. Nature Reviews Neuroscience, 9 (7), 568-578.
Burrows, T., Whatnall, M., Patterson, A. y Hutchesson, M. (2017). Associations between dietary intake and academic achievement in college students: A systematic review. Healthcare, 5 (4), 60.
Jacka, F. et al. (2017). A randomised controlled trial of dietary improvement for adults with major depression (the “SMILES” trial). BMC Medicine, 15 (23).


