Mundo Actual
Autor UIC

Escrito por: Eva González Pérez
Editorial UIC
junio 22, 2019

“Vivir conectados a Internet impide construir conocimiento.
Nuestro cerebro busca información rápida, la usa rápido
y la olvida a la misma velocidad; eso nos hace pensar de forma
mucho más superficial.”
Nicholas Carr

Nicholas Carr, autor del libro The Shallows: What the Internet is Doing to our Brains, opina que el abuso de Internet mata nuestra capacidad de concentración y convierte al ser humano en sedentario, perezoso y menos creativo. Carr recomienda desconectarse de forma habitual para cultivar un pensamiento crítico y creativo.

Los datos

En una entrevista realizada por La Nación a científicos de Argentina, Estados Unidos e Inglaterra, se hallaron los siguientes datos:

La psicóloga cognitiva de la Universidad de Stirling, Escocia, Tracy Alloway, realizó un estudio para analizar procesos cerebrales y concluyó que Facebook obliga al usuario a tomar en cuenta nueva información acerca de sus amigos y a descartar la anterior. Esa actividad tal vez ayuda a aumentar la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual verbal.

Una investigación publicada en la revista Science declara que Internet se ha convertido en una memoria externa. Delegamos a los aparatos la actividad que antes tenía el cerebro. Pero eso puede ayudar a mejorar la comprensión, porque la memoria libera espacio en el cerebro para orientarlo más al procesamiento de información.

Marcela Cohen, neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, declara que la memoria parece descansar en esta época, pero otras habilidades utilizadas en Internet hacen gimnasia cerebral: la rapidez visual y motora, la deducción, la concentración y la atención.

Ryota Kanai, del Instituto de Neurociencias Cognitivas del Colegio Universitario de Londres, encontró una relación directa entre el número de amigos que una persona tiene en Facebook y el tamaño de ciertas regiones del cerebro. Cuantos más amigos en esta red social, mayor el volumen de materia gris en cuatro regiones del cerebro, entre ellas la amígdala, asociada a la respuesta emocional y la memoria, así como otras zonas clave en la comunicación con otras personas.

Kanai reconoce que esos estudios no indican si tener más contactos en Facebook hace más grandes determinadas partes del cerebro, o si algunas personas están predispuestas para tener más amigos.

Mark Mapstone, de la Universidad del Rochester Medical Center, Nueva York, opina que las nuevas tecnologías son herramientas para realizar determinadas acciones, y no deben ser utilizadas como un fin en sí mismo.

Internet mejora el cerebro

Uno de los neurocientíficos líder en Estados Unidos y autor del libro El cerebro digital, Gary Small, parece inclinarse más a favor de Internet, aunque nos advierte sobre el uso excesivo.

La tecnología con un uso moderado puede ser nuestra gran aliada. El uso de la web puede fortalecer circuitos neuronales. Eso nos permite hacer más con el cerebro, gastando menos energía. La investigación de Small, con personas de entre 55 y 76 años, muestra que el uso de internet incrementa significativamente la actividad cerebral en áreas involucradas en el control de la toma de decisiones y en el razonamiento complejo.

Sostiene también que Internet puede ser una fuente de ejercicios para la mente y atenuar la degradación provocada por la edad. Pero eso ocurre sólo cuando hay un uso moderado; la sobreexposición tiene efectos nocivos.

Zambullirse en la alta tecnología puede acelerar el aprendizaje e impulsar la creatividad, pero también tiene sus fallas. Por ejemplo, se le ha relacionado con los diagnósticos del Trastorno por Déficit de Atención y adicción a Internet.

Pasar frente a la computadora 10 horas por día puede reducir las aptitudes de una persona para el contacto personal, como mantener una conversación cara a cara.

La sobreexposición a los estímulos constantes de Internet afecta a la mayoría de los circuitos corticales y a la capa externa del área gris del cerebro, lo que incluye los lóbulos frontal, parietal y temporal. Como resultado, se produce un reforzamiento de los circuitos cerebrales que controlan las habilidades tecnológicas. Pero los circuitos relacionados con las habilidades sociales son dejados de lado. Por ejemplo, dejamos de captar ciertos detalles durante una conversación, como la postura corporal y los gestos.

Los jóvenes son los más afectados por esa exposición excesiva a la información digital. Pasan más tiempo en internet que cultivando los contactos sociales directos. Un joven en pleno desarrollo es más vulnerable. Con el abuso de Internet, su cerebro no desarrolla completamente el lóbulo frontal, la sección que controla los pensamientos más complejos y nuestra capacidad de planificación.

Diferencias generacionales

Estamos asistiendo a la aparición de una brecha cerebral que separa a los jóvenes de los adultos.

Los inmigrantes digitales fueron entrenados de modo diferente en cuanto a la socialización y al aprendizaje. Hacen las tareas paso a paso, y de a una por vez. Aprenden metódicamente y ejecutan los trabajos de una forma más precisa. Sus habilidades están más dirigidas hacia el contacto social, y son más lentos en adaptarse al uso de las nuevas tecnologías. Los nativos digitales son mejores para tomar decisiones rápidas y para agrupar una gran cantidad de estímulos sensoriales del ambiente.

Sacrificamos la profundidad por la amplitud. La tecnología nos incita a seguir siempre adelante, en lugar de parar para reflexionar. Estamos permanentemente ocupados. Cuando prestamos atención parcial de manera continua, colocamos a nuestro cerebro en un estadio más elevado de estrés. Las personas pasan a vivir en un constante estado de crisis, en alerta permanente.

Cualquier tecnología en exceso puede provocar este estado de excitación. Cuando nos acostumbramos a eso, tendemos a buscar el éxito en una conectividad permanente. Y eso alimenta nuestro ego y sentido de valor propio. Es algo irresistible. En ese sentido, las redes sociales son particularmente seductoras. Nos permiten satisfacer de manera constante nuestro deseo humano de compañía e interacción social.

Hoy nosotros somos los que debemos modelar y optimizar nuestros circuitos neuronales, para sobrevivir con éxito a la adaptación más rápida e importante que ha experimentado el cerebro en miles de años de evolución.

Para saber más

Vanesa Marcos Sánchez, El cerebro digital. Cómo las nuevas tecnologías están cambiando nuestra mente.

La Nación, Cómo Internet está cambiando la forma en que funciona el cerebro humano.

La Vanguardia, Cómo el uso de internet influye en nuestro cerebro.

La Gran Época, El uso de equipos multimedia reduciría la materia gris del cerebro.

Educación y virtualidad, Entrevista a Gary Small.

* Las opiniones vertidas en las notas son responsabilidad de los autores y no reflejan una postura institucional